lunes, 10 de marzo de 2014

Transformación.


No sé como acabe aquí, en el piso, como un maldito desperdicio, desangrándome... bueno tal vez si.
En retrospectiva, creo que siempre lo supe, es decir, ni siquiera soy tan atractivo ¿Cómo diantres una chica tan hermosa se fijaría en mi?
Ahora lo sé, para ella yo siempre fui un jodido chuletón con guarnición de patatas, maldita sea, nunca aprenderé. Mi primera novia me dejo por el que en aquel entonces se decía mi mejor amigo, la segunda decidió que yo era muy poca cosa, para la séptima era yo quien huía - Bien, dije que no soy tan atractivo, pero no soy feo -.
Comienzo a pensar que tengo tendencias auto-destructivas, y finalmente he logrado lo que quería, acabar conmigo mismo, el frió invade mi cuerpo y se a ciencia cierta que el final se acerca pero ¿qué puedo hacer?
Todo pasó por Ielena, una chica despampanante, silueta  perfecta, piel dorada, cabello rubio y rizado, ojos color zafiro, boca carnosa y sensual, joder, excitaría a un monje, y apenas entrar al salón, dirigió su mirada a mí. Llego de intercambio, su marcado acento italiano hacia que me corriera la sangre por lugares peligrosos si se está en público, dijo que venía de Roma; conversaba con todos, una muchacha agradable que trababa amistado con todos, incluidos los maestros.
Sabía demasiado, una chica con grandes pechos, trasero redondo y firme, hermosa, inteligente, agradable, buen Dios, creí que todos en la universidad terminaríamos muertos en la competencia por ganar su atención, el hecho es que no hubo tal, me eligió a mí, así, como si tuviera mira láser apuntando a mi frente, pero no solo era una mira láser, la muy perra tenía un rifle de caza con el que me apuntaba y disparo, figurativamente hablando, planeaba desayunarme, no matarme a tiros.
Y yo que ya había comenzado a soñar con nuestro futuro... bueno al menos no me precipite comprando el anillo.
Ielena se hiso mi amiga, teníamos casi todas las clases juntos, y en las que no, la encontraba esperándome fuera, también fue a mi casa, la cínica conoció a mis padres y los llamaba por su nombre, jugaba conmigo, jugaba con la comida. Me contó cosas que me hicieron admirarla, me ayudaba en clases de historia - y como no si ella la vivió prácticamente toda, demonios que si- no se veía mayor de veinte, tal vez tenga más de mil años, me dijo su edad, pero no suelo prestar atención si estoy en el piso agonizando. Cuando, lentamente, obtuvo mi atención, confianza e interés, Tina, la chica rarita del salón me advirtió, un día sin más, estando yo solo se me acerco, justo dos días antes de que Ielena y yo nos volviéramos novios.
 —Aléjate de ella — soltó — es peligrosa, su amor te matara.
La mire raro y ella se fue, quisiera agradecerle el interés pero me muero. No volví a hablar con ella, hasta antes de ayer, espero de nuevo a que me quedara solo para poder acercarse.
— No vayas allá — dijo — no le des la oportunidad, perderás mucho. Cuídate de la de gris.
¿Ya mencione que hoy Ielenea se puso un vestido gris?, levanto la vista, está sentada sobre sus talones observándome boquear para conseguir oxigeno, no se ve arrepentida ni cuando escapa de mis labios un lamento.
— Ielena ¿te lo cargaste? — esa es una vos masculina.
Lo que me faltaba, amargarme mi muerte inminente trayendo a su novio a verla... puerca.
— No Varius — responde ella — esta cambiando.

¡¡¿¿PERDÓN??!!

— ¿Cómo... cómo que cambiando? — me las arreglo para que mi voz salga.
— Ya lo veras —responde Ielena emocionada.
— Afortunado hijo de puta — gruñe Varius — esta chica vale oro, y te escogió, prefirió transformarte que elegir a uno de los nuestros, el camino difícil.
Espera... ¿hay más?
— Pero yo... — me ahogo, ahora que lo pienso, es cierto, algo está cambiando, las heridas ya no están tan abiertas y hace rato han dejado de sangrar.
La cuestión es ¿en qué me convertiré?
Hago recuento, primero el cine, luego paseamos, vamos a ir a cenar y le he dicho que escogiera... lo sé, que estúpido, pero no se me había ocurrido que yo sería el plato principal... bueno no literalmente.
Si pensé que tal vez sería mala idea considerando que era nueva y tal vez se había extraviado cuando entramos en el callejón, luego me emocione ante la idea de que ella buscara privacidad.
Se atrasa unos pasos y escucho un gruñido, ¿un perro?, no, tengo mascota, esto, esto es más grande y da miedo, los bellos de la nuca se me levantan, volteo a verla...
Sus preciosos ojos zafiro son ahora de un color sangre que me hace correr agua helada por la columna. Me mira, sonríe, sus antes perlados dientes han sido sustituidos por colmillos y dientes, afilados como sierras, negros... si me tocaba morir por algo sobrenatural ¿por que no me ha tocado una vampiresa o una hada? Dicen que esas te matan en medio de un orgasmo, ahora cambio y ni se en que, Ielena no es nada que haya visto en ninguna parte.
— Ya casi termina cariño — dice ella.
Varius gruñe en burla y yo lo hago por desesperación.
Finalmente noto que mi corazón se ha detenido, mi pecho ya no sube y baja con mis respiraciones, mis pupilas se dilatan, lo se porque me entra más luz aunque el callejón esta en penumbras, escucho los latidos de ellos dos pero no los mío, estoy muerto, pero de alguna manera sigo vivo, funcionando, consiente.
Cierro los ojos, cuando los vuelvo a abrir... todo a cambiado.
— Bienvenido — me sonríe Ielena.




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