No sé como acabe
aquí, en el piso, como un maldito desperdicio, desangrándome... bueno tal vez
si.
En retrospectiva,
creo que siempre lo supe, es decir, ni siquiera soy tan atractivo ¿Cómo
diantres una chica tan hermosa se fijaría en mi?
Ahora lo sé, para
ella yo siempre fui un jodido chuletón con guarnición de patatas, maldita sea,
nunca aprenderé. Mi primera novia me dejo por el que en aquel entonces se decía
mi mejor amigo, la segunda decidió que yo era muy poca cosa, para la séptima era
yo quien huía - Bien, dije que no soy tan atractivo, pero no soy feo -.
Comienzo a pensar
que tengo tendencias auto-destructivas, y finalmente he logrado lo que quería,
acabar conmigo mismo, el frió invade mi cuerpo y se a ciencia cierta que el
final se acerca pero ¿qué puedo hacer?
Todo pasó por
Ielena, una chica despampanante, silueta
perfecta, piel dorada, cabello rubio y rizado, ojos color zafiro, boca
carnosa y sensual, joder, excitaría a un monje, y apenas entrar al salón,
dirigió su mirada a mí. Llego de intercambio, su marcado acento italiano hacia
que me corriera la sangre por lugares peligrosos si se está en público, dijo
que venía de Roma; conversaba con todos, una muchacha agradable que trababa
amistado con todos, incluidos los maestros.
Sabía demasiado,
una chica con grandes pechos, trasero redondo y firme, hermosa, inteligente,
agradable, buen Dios, creí que todos en la universidad terminaríamos muertos en
la competencia por ganar su atención, el hecho es que no hubo tal, me eligió a
mí, así, como si tuviera mira láser apuntando a mi frente, pero no solo era una
mira láser, la muy perra tenía un rifle de caza con el que me apuntaba y
disparo, figurativamente hablando, planeaba desayunarme, no matarme a tiros.
Y yo que ya había
comenzado a soñar con nuestro futuro... bueno al menos no me precipite
comprando el anillo.
Ielena se hiso mi
amiga, teníamos casi todas las clases juntos, y en las que no, la encontraba
esperándome fuera, también fue a mi casa, la cínica conoció a mis padres y los
llamaba por su nombre, jugaba conmigo, jugaba con la comida. Me contó cosas que
me hicieron admirarla, me ayudaba en clases de historia - y como no si ella
la vivió prácticamente toda, demonios que si- no se veía mayor de veinte,
tal vez tenga más de mil años, me dijo su edad, pero no suelo prestar atención
si estoy en el piso agonizando. Cuando, lentamente, obtuvo mi atención,
confianza e interés, Tina, la chica rarita del salón me advirtió, un día sin
más, estando yo solo se me acerco, justo dos días antes de que Ielena y yo nos
volviéramos novios.
—Aléjate de ella — soltó — es peligrosa, su
amor te matara.
La mire raro y ella
se fue, quisiera agradecerle el interés pero me muero. No volví a hablar con ella,
hasta antes de ayer, espero de nuevo a que me quedara solo para poder
acercarse.
— No vayas allá —
dijo — no le des la oportunidad, perderás mucho. Cuídate de la de gris.
¿Ya mencione que
hoy Ielenea se puso un vestido gris?, levanto la vista, está sentada sobre sus
talones observándome boquear para conseguir oxigeno, no se ve arrepentida ni
cuando escapa de mis labios un lamento.
— Ielena ¿te lo
cargaste? — esa es una vos masculina.
Lo que me faltaba,
amargarme mi muerte inminente trayendo a su novio a verla... puerca.
— No Varius —
responde ella — esta cambiando.
¡¡¿¿PERDÓN??!!
— ¿Cómo... cómo que
cambiando? — me las arreglo para que mi voz salga.
— Ya lo veras —responde
Ielena emocionada.
— Afortunado hijo
de puta — gruñe Varius — esta chica vale oro, y te escogió, prefirió
transformarte que elegir a uno de los nuestros, el camino difícil.
Espera... ¿hay más?
— Pero yo... — me
ahogo, ahora que lo pienso, es cierto, algo está cambiando, las heridas ya no
están tan abiertas y hace rato han dejado de sangrar.
La cuestión es ¿en
qué me convertiré?
Hago recuento,
primero el cine, luego paseamos, vamos a ir a cenar y le he dicho que
escogiera... lo sé, que estúpido, pero no se me había ocurrido que yo sería el
plato principal... bueno no literalmente.
Si pensé que tal
vez sería mala idea considerando que era nueva y tal vez se había extraviado
cuando entramos en el callejón, luego me emocione ante la idea de que ella
buscara privacidad.
Se atrasa unos
pasos y escucho un gruñido, ¿un perro?, no, tengo mascota, esto, esto es más
grande y da miedo, los bellos de la nuca se me levantan, volteo a verla...
Sus preciosos ojos
zafiro son ahora de un color sangre que me hace correr agua helada por la
columna. Me mira, sonríe, sus antes perlados dientes han sido sustituidos por
colmillos y dientes, afilados como sierras, negros... si me tocaba morir por
algo sobrenatural ¿por que no me ha tocado una vampiresa o una hada? Dicen que
esas te matan en medio de un orgasmo, ahora cambio y ni se en que, Ielena no es
nada que haya visto en ninguna parte.
— Ya casi termina
cariño — dice ella.
Varius gruñe en
burla y yo lo hago por desesperación.
Finalmente noto que
mi corazón se ha detenido, mi pecho ya no sube y baja con mis respiraciones,
mis pupilas se dilatan, lo se porque me entra más luz aunque el callejón esta
en penumbras, escucho los latidos de ellos dos pero no los mío, estoy muerto,
pero de alguna manera sigo vivo, funcionando, consiente.
Cierro los ojos,
cuando los vuelvo a abrir... todo a cambiado.
— Bienvenido — me
sonríe Ielena.
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