lunes, 10 de marzo de 2014

La gran guerra


Fue una batalla que perdimos sin pelear, pero nosotros la iniciamos, paso muy rápido, tanto que con trabajos entendimos lo que sucedió unos meses después.
La cosa empezó simplemente cuando notamos que el mundo era diferente, no fueron grandes cambios, solo que los arboles se veía más exuberantes, las plantas más verdes, las flores mas fragantes y los frutos más jugosos, ignoramos lo que sucedía.
Lo siguiente que paso fue que en los periódicos, revistas y algunos programas de radio y televisión informaban de personas que habían tenido avistamientos extraños de criaturas “mitológicas”, algunos decían que habían visto hadas, dragones, elfos y sirenas, también lo ignoramos.
Se reunieron toda clase de expertos, psicólogos, biólogos, doctores,, psiquiatras y demás, alegaron que era una enfermedad, un nuevo virus, alucinaciones colectivas, toda clase de excusas para evitar ver al verdad... y de nuevo, ignoramos lo que pasaba.
You Tube  y las redes sociales  se saturaron con vídeos, pero no eran de esos en los que se ve borrosa una sirena sobre una roca o una mancha peluda a cien metros corriendo entre los árboles, eran tomas de elfos entrando tranquilamente en un hall, cámaras de seguridad frente a las que pasaba un dragón caminando en la banqueta, vídeos en donde pie grande saludaba alegremente a la cámara a menos de dos metros y fotografías que pretendían ser familiares en las que detrás de los niños en la playa había sirenas tomando el sol, ya no se podía negar, las cosas cambiaron. Un nuevo continente surgió, en un sitio donde se supone que no había nada de nada, ellos vivían allí, una isla exuberante a la que llaman Avalón.
Llegaron sin exigir nada, la NASA reporto que le agujero en la capa de ozono se cerraba, la mancha de basura del mar desaparecía y la basura de las calles estaba desintegrándose, el aire estaba más limpio y el mundo se veía sano, mas... vivo, y sin embargo los humanos reaccionamos mal, sacando toda la crueldad y perversidad de la que somos capaces.
La gente estallaba bombas en los bosques donde sabían que había elfos viviendo, pescaban sirenas y las diseccionaban, los tratantes de blancas dejaron en paz a las niñas humanas y en su lugar se llevaban a las jóvenes hadas, le arrancaban los colmillos a los vampiros y a los hombres lobo que nunca nos atacaron para hacerse collares, desollaban a los licántropos y vendían chalecos y bolsos de su piel, estábamos devastando a una población que no nos atacaba, demonios, ni quiera se defendían.
Ellos no lo hicieron, pero fue la naturaleza la que los defendió, se volvió en nuestra contra, todos los animales, desde los piojos hasta el tigre y la ballena azul, todos, empezaron a atacar a los humanos, matándolos, la población humana mundial fue reducida significativamente, los ataques como empezaron menguaron, pero la naturaleza no había acabado con nosotros, una semana después de que los ataque cesaron por completo, las frutas y verduras y la carne animal comenzaron a envenenarnos con toxinas desconocidas por lo que nos fue completamente imposible defendernos, y ellos, los nuevos , ayudaron a quienes tenían a mano, cuidando de los intoxicados y previniendo que el resto calleáramos enfermos o muertos, la población humana mundial casi desaparecía.
Los humanos que quedábamos acabamos por enamorarnos de las hadas y los elfos que ahora poblaban nuestro mundo, su mundo, fue de ellos mucho antes que nuestro, solo que nos dejaron habitarlo, habían regresado para sanar la tierra y mantenernos sanos y les pagamos con crueldad, tortura y muerte.
Y con todo nos aceptaron, nos amaron y se quedaron. Las ciudades no fueron destruidas, el Internet funciona, aunque ellos se comunican por la hiedra, los edificios ahora están cubiertos por ella, lo único que quitaron fue el pavimento, cemento y hormigón de las calles, donde ahora crece la vida.
Perdimos una guerra que no peleamos y que nosotros iniciamos, una guerra que los sobrevivientes humanos ahora nos alegra haber perdido, encontramos no solo la paz, el amor venia en el paquete. Las hambrunas desaparecieron, igual que los gobiernos, tenemos una nueva clase de vida que nos hacen felices, no nos quitaron nada y nos lo dieron todo.
Y yo, yo tengo una esposa, Miriam, es una elfa, y nuestros tres hijos son mestizos, los niños más hermosos que podrás ver, soy Albert Tourck, un sobreviviente de la gran guerra, y estoy feliz de haberla perdido.





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