Lo
único que me pesaba era no volverá ver a mis tíos, bueno tal vez a Anpu sí,
pero ¿y los demás? , no, era demasiado pronto, me habían dicho que mi familia
murió para que yo viviera, y yo... yo no quería morir, yo quiero vivir.
Me
relaje, - piensa, piensa, piensa -
<<Cuando intenten matarlos... >> Cornel, recuerda la clase de Cornel, que
dijo después de que hablo Cy, hay por el amor de Dios que este tipo no se
cansa, mi cerebro esta lento ¿qué dijo?, estoy empantanada, <<...no se concentren en el atacante,
concéntrense en el problema, si no tienen con que atacarlos no lo harán... >>
El
tipo con el cuchillo se había quedado quieto cuando me vio cerrar los ojos,
pero se abalanzo sobre mi cuando vio que los volví a abrir, juntando toda la
fuerza de la que fui capaz gire para esquivar el golpe, pero eso causo que el
agarre del otro tipo apretara en mi rostro la bolsa ¡ESO! la bolsa, alce
mis manos y rompí el plástico, una oleada de viento me golpeo enfriando la
condensación que escurría en mi cara, tome una bocanada de aire, aliviada.
El
gusto de mi mini victoria me duro poco porque el monigote con el cuchillo
volvió a arremeter contra mí y esta vez no lo vi, clavo el cuchillo en mi
carne, mi hombro derecho chorreaba sangre, creo que le apunto al cuello,
chille, esperando que el escándalo pusiera sobre aviso a Matt, digo siquiera
para que encontrara mi cadáver.
Los
dos hombres se disponían a atacar de nuevo cuando de debajo de mi chaleco se
deslizó el colgante en forma de jaguar, y de este se materializo un jaguar
negro que aterrizo elegantemente frente a mí, interponiendo su cuerpo para
protegerme de los agresores, gruño y enseño los dientes.
-
Balam ¡ataca! - el felino se agazapo y antes de que saltara el par de cobardes
salieron corriendo perdiéndose en el bosque.
El
jaguar se acerco a mí, lamio mi cara, su lengua se sentía rasposa pero sonreí,
después de todo me salvo la vida.
-
¿Sabes? No tengo idea de donde salió tu nombre, pero supongo que lo obvio se me
da bien - sonreí -¿te gusta? – El animal me volvió a lamer la mejilla – Maniac,
a ver si se te ocurre venir.
A
penas dije las palabras el demonio estaba frente a mí, de nuevo vestido de
blanco, mirándome –Mi ama me requiere – fijo su vista en mi herida que estaba
quemando, la plata puede ser nuestro medio de transporte, pero también jode
mucho si te hieres con ella – y esta herida.
-Borra
esa sonrisa de tu cara o te tendré limpiando los baños de la academia por toda
la eternidad, ve a buscar a Matt y tráelo aquí.
Me senté en una roca y Balam junto a mí a
esperar. Si mi hombro no era atendido rápido, moriría por envenenamiento, en mi
primera misión, ¡¡DE PRACTICA!! ¿Qué tan
patético es eso?
Hubiera
ido yo misma a buscar a Matt, pero el hombro dolía como el infierno y ya
comenzaba a sentirme débil y enferma, demasiado enferma, vomite.
-
Ahí va el almuerzo.
Me
recosté de nuevo contra el árbol pero la bilis se me volvió a juntar en la boca
del estomago, Balam me miraba compasivo y preocupado, vomite de nuevo, me
recosté en el árbol y cerré los ojos.
-
Y ahí la cena – cuando abrí los ojos vi la figura de Matt corriendo para
adelantar a Maniac, no sé cuanto paso – Te tomaste tu tiempo – le dije al caído,
luego la oscuridad me cercó.
Me
desperté por el calor, espera, eso no es calor, eso quema, ¡¡¡quema, arde,
arde!!!
-
¡Au! Siento, siento, siento – mire mi hombro, supuraba algo negro, ¡santo gato
de la pata mocha!, quizá me corten el brazo, y a mí no me crecen de nuevo las
partes del cuerpo, me incorpore.
Matt
estaba sentado cerca del fuego, retiro la vista de mi – No te muevas, en un par
de minutos te pondré el antídoto.
-
¿Nitrato o veneno?
-
Tenemos los dos - dijo sorbiendo la nariz – tú eliges.
-
Estas llorando – pretendí que sonara como una pregunta, pero era un hecho y yo
no pude ocultar la afirmación.
-Bueno
¿qué esperabas? - se levanto intempestivamente, sus ojos sostuvieron los
míos – que saltara en una pata y bailara de felicidad porque mi amiga estaba
medio muerta en medio de un jodido bosque italiano- suavizo el tono para decir
- quizá deberíamos regresar, se que hacer, pero me sentiría mejor si te
atienden las personas adecuadas.
-Ni
se te ocurra – lo interrumpí – no volveré a la academia hasta que la primera
práctica termine, aunque vuelva en un frasco. Veneno, quiero el veneno.
-¿Estás
segura? El nitrato duele menos, vamos
mujer no me des la oportunidad de vengarme.
-
Dije que quiero el veneno, no me gusta ser deb... – al parecer, el imbécil éste
solo quería distraerme por lo que no me di cuenta que me vertía el veneno de
hada en la herida– Dios odio a los italianos- grite antes de desmayarme.
Cuando
volví de mi inconsciencia el sol despuntaba en el horizonte, Matt me veía de
nuevo, tenía una expresión rara en el rostro y ojos inyectados de sangre por
vigilarme toda la noche o por llorar, no desee saberlo, de nuevo me incorpore.
-
Buenos días – declare alegremente, nada como un dolor sacado del infierno para
reajustar tu actitud.
-
Hey – contesto el -¿cómo te sientes?
-
Excelente para tener un agujero en mi hombro, tengo hambre, ¿a qué hora nos
vamos?
-
Despacio. Al medio día, me tome la libertad de usar tu saco para el desayuno,
anoche hable con una xana que vive aquí, dijo que todo fue una trampa, que aquí
jamás se acercan los corros por haber demasiados humanos cerca, al parecer los
informes fueron falsos.
-
Dios, hiciste todo el trabajo tu solo mientras yo... - mis ojos se abrieron por
la sorpresa, me estaba frotando los brazos para quitarme el fresco de la
mañana, cuando sentí las vendas alrededor de mi hombro y... y mi pecho.
-
Me preguntaba cuando te darías cuenta – se puso como jitomate – tuve que
vendarla después de que te desmayaste anoche, para evitar que se contamine,
también te di una poción para el dolor y para evitar que te dé una infección.
Genial,
el hombre vio mi sostén, o peor, mis pechos, creo que ambos necesitaremos
terapia después de esto, los tres si se entera Cy, me siento incestuosa
– Odio a los italianos.
-¿Por
qué? – pregunto irritado – lo has repetido desde anoche como un mantra.
-Alejandría.
-
¡Oh! – la comprensión invadió su semblante.
Sin
ofender, sé que los pecados de los padres no deben pagarlos los hijos, pero
cuando los romanos quemaron la biblioteca de Alejandría nos retrasaron milenios
en conocimientos físicos, químicos, filosóficos, metafísicos, mágicos y si,
también físicos cuánticos y Dios sabe cuáles más, y no solo en la academia,
también lo hicieron con el lado humano, tomo miles de personas y horas recobrar
lo que se perdió, y aun así, todavía existen textos que no se han podido
recuperar y algunos que serán imposibles de volver a tener.
Desayunamos,
al principio creí que mi estomago no soportaría, pero al parecer me recupero
más pronto de lo que creo, Matt me reviso los vendajes más tarde, el momento
incomodo del año.
Le
dije que se durmiera mientras llegaba la hora de regresar a la Academia, no
tuve que insistirle mucho, ronca como locomotora, no tengo idea de cómo hace
Rob para dormir, no pensé que un nocturno pudiera padecer apnea del sueño.
Me
quede vigilando que ningún turista nos descubriera por accidente, para cuando
el sol estaba en lo alto decidí despertar a mi compañero, quien no pareció muy
feliz.
-¡Eu!
– me dio un manotazo.
-
Matt despierta - me incline sobre él para ponerle los lentes oscuros –tenemos
que irnos.
El
pobre sufrió el efecto del vampiraso de lleno – Maldición – grito – olvide que
estábamos afuera.
No
pude evitar reírme, la gente cree que los vampiros se fríen si están fuera con
el sol, eso no es cierto, simplemente son, bueno somos, mucho más sensibles a
la luz, no estallamos en llamas, solo nos brotan ámpulas más fácil y
rápidamente que a los demás, y casi no pueden, podemos, ver en la luz, tienden
a tener la pupila mucho más amplia, y por mucho que se contraiga deja pasar una
gran cantidad de luz, los que alguna vez han pasado por un estudio
oftalmológico completo y les pusieron de esas gotas que dilatan las pupilas
entenderán lo que hablo, aunque no es tan grave como con las gotas, en mi caso
es más leve aun, si veo, pero la luz muy intensa casi me siega por completo, a
Matt, bueno el es nocturno de parte de madre y padre, si sale tiene que usar
lentes obscuros y una gorra de preferencia, por eso casi no salen.
Levanto
una mano para hacerse sombra en los ojos con ella.
-Vámonos
antes de que empieces a llorar.
-
Olvidas que eso lo hice anoche y esta mañana.
-
No, pero solo yo puedo ser la causa de tu llanto – le sonreí, la verdad no creí
que me quisieran tanto.
Recogimos
nuestras cosas en silencio, borrando toda evidencia de nuestra presencia allí. Nos
acercamos a la estatua del Pegaso y le arrojamos agua, la piedra fluctuó de su
estructura solida, señal de que el portal se abrió –Primero las damas – me hizo
una reverencia indicándome pasar primero.
Entre,
los otros espejos alrededor de éste estaban siendo usados por el resto de los
compañeros que regresaban de sus misiones, ilesos, así que cuando pise suelo
escolar todos me voltearon a ver, y cuando digo todos, no estoy siendo exagerada,
incluso me parece que una de las gárgolas se movió en mi dirección . Llevaba mi
chaleco superpuesto sobre las vendas, mi piel estaba expuesta en los lugares
donde esta no tenia vendas, mi bolsa colgaba de mi hombro izquierdo y llevaba
cruzada la blusa empapada de sangre, se que estaba pálida por la pérdida de
sangre lo que seguramente remarcaba los círculos negros alrededor de mis ojos,
no me moleste en peinarme y estoy segura que esa masa negra pegada a mi cabello
era sangre seca, caminaba erráticamente a pesar de haber desayunado, mis
colmillos molestaban en mis labio síntoma inequívoco de que estaban resecos y
cuarteados, seguramente por la fiebre que ahora no sentía, en resumen mi
apariencia gritaba ¡hospital!
Matt
cruzo después de mí, notando la atención de la que era receptora, se puso tenso
- Tranquilo – le murmuro al oído – nadie
te culpara, seguramente creerán que yo lo provoque, si no me crees...
-¿Y
ahora que hiciste? – me interrumpió Moldoveanu, acercándose a mí.
-Ves
– le dije sonriendo a Matt – nadie te culpa – me gire – resulta que salí a
provocar puros para que me atacaran con bolsas de plástico y cuchillos
de plata.
Me
gane unas cuantas expresiones de terror y sorpresa por ese comentario. Jeto
entraba en ese momento, cruzo trotando la habitación cuando me vio, su cara se
puso blanca cuando reparó en mi estado y le dirigió una mirada furiosa a Matt
antes de abalanzarse sobre él, lo golpeo unas tres veces.
-¡¡¡Hey!!!
– grité – suéltalo no fue él.
Jeto
se detuvo de inmediato, estaba en el piso apresando a Matt debajo de su cuerpo,
sostenía el cuello de la camiseta del nocturno y apuntaba con el puño a su
rostro –No lo defiendas, se que ustedes se fueron disgustados.
-No
fue él – espete – fueron los puros – capte lo que me dijo – oye ¿qué
carajos?, intentas decir que no puedo
defenderme de Matt.
Jethro
se levanto de su posición, jalando a Matt con él, si nadie se metió es porque
nadie se mete en una pelea de inmortales, y porque este en particular no
mataría a nadie por muy enojado que estuviese.
Matt
me miro ofendido pero sin decir palabra, un hilo de sangre salía de la comisura
de su boca – T... tienes sangre ahí – trate de señalarle, pero me quito de un
tirón limpiándose con el brazo.
-
Sigues tratando de ponerme en ridículo – su reclamo fue bajo, pero cargado de
ira.
-
Lo lamento - le susurro Jethro – creí que habías sido tú.
No
pudimos decir algo mas, las autoridades escolares se acercaron a nosotros
exigiendo saber lo que había sucedido, y de nuevo fui a parar a la oficina del
director, aunque por primera vez no era en calidad de detenida, lo
cual me hizo sentir realmente extraña,
para mi novio y mi amigo las cosas fueron diferentes, jamás había visto que a Yán se le saltara la
vena al gritarle a alguien, fue tan raro ver a estos dos ejemplares achicarse
frente al grito de una cosita de un metro con cincuenta que no sabía si reírme
o ponerme a llorar, lo había visto antes, mi propia madre media 1.49 pero si
levantaba la ceja derecha el mundo se ponía a sus pies; Krumm llamo mi atención
de nuevo.
-
Sara dime exactamente que paso – su solicitud estaba colgada de preocupación,
más incluso que cuando me cuido después de la muerte de mis padres.
Le
relate todo, incluida la intervención de Maniac y Balam.
Frunció
el ceño y suspiro fuerte.
-
No me gusta que esa cosa este cerca de ti – puso su cara entre sus manos, su
rostro tenía una mueca de exasperación – sin embargo ya no podemos hacer nada
para desligarlo de ti, esa noche dijiste que fue una cuestión accidental aunque
no sé si creerte, hemos informado a tu familia y tus padrinos para que sepan de
tu situación, en tanto preferiría que cuentes solo con tu guardián, ¿Cuál es su
nombre? Balam ¿cierto?
-
Pero señor, con todo respeto, si no fuera por Maniac nunca me habrían
encontrado, de no haberle pedido que trajera a Matt probablemente la plata
hubiera terminado su trabajo.
-
Lo entiendo, pero entiende también tú, en primera instancia nunca debió haber
caído en tus manos, en segunda, ni siquiera tu padre confiaba en él.
-
Es por eso que lo ató, y a menos que existan dermatólogos en el averno, dudo
que se lo quite de alguna manera, no puede hacerme daño, y me será muy útil,
además ¿no debería estar más preocupado por lo que paso que por como salí de mi
primera aventura?
-
Sí, tienes razón en eso, me pone los pelos de punta pensar que los puros
estaban esperando para atacar a mis estudiantes – la forma en que lo dijo me
hizo sentir culpable, Krumm podrá ser un idiota autoritario que a fuerza me
quiere meter al redil, pero si se gano este puesto es porque realmente se lo
merecía, porque se preocupa por todos y cada uno de nosotros, incluidos los
maestros, tanto que jamás se caso ni formo una familia, no tenía tiempo.
-
Pensé que se alegraría de que lo libraran de mi- sonreí tratando de parecer
simpática.
-Ni
lo digas – exclamaron a coro el director, la subdirectora y mis amigos.
Me
encogí, de nuevo no creí que yo realmente les importe tanto, en especial si
tomamos en cuenta que hace 24 horas le arroje una roca del tamaño de mi puño a
esa mujer, o que hice quedar en ridículo al vampiro, dos veces, y que
normalmente acabo gritándole y arremetiendo contra el director, tal vez Jeto
tendría un interés, pero no los demás.
-
Eres la primera cruzada completa que pisa esta escuela en más de un siglo -
¡¡Ah!! Era eso, bien, quizá realmente no es que les importe como persona, solo
me quieren por mi cuerpo.
-
Como sea, fue una trampa, no volverá a pasar.
Krumm
suspiro –Ve a que te atiendan esa herida.
-No
hace...
-
¡Por el espíritu blanco! no discutas o yo
mismo te apuñalare de nuevo – exclamo exasperado Matt, lo que causo que todos
en la habitación voltearan a verlo.
Me
levante y me dirigí a la enfermería en el primer piso, cuando salía escuche a
los profesores dar órdenes para verificar que no hubiese mas heridos o
atacados, contrario a lo que normalmente se hacía, se ordeno un detallado
registro de las misiones y sus pormenores, no nos arriesgaríamos a que los puros
atacaran a los demás.
Bueno
al menos esta vez serví de algo.
Llegue
a la enfermería, sorprendida de sentir algo que nunca se sentía por aquí, un
olor intenso a rosas, calor, paz y supongo que lo que sientes cuando te
abrazan, al entrar me di cuenta de donde se originaba eso, Byron, o al menos
así se hace llamar, el arcángel. Nosotros no nos llevamos con las fuerzas
del bien y el mal, la mayoría de nosotros nunca ve si quiera algo como esto, se
me puso la piel de gallina cuando lo vi, alto, delgado de cabello negro hasta
la barbilla, ojos azul cristalino, bonito rostro, parecía a mediados de sus
veinte, había cambiado la tradicional túnica blanca con bordados de oro por un
overol de mezclilla, una camiseta de algodón blanco, convers y con una sudadera
roja atada en la cintura y una gorra de Chicago Bull’s puesta al revés, estaba
sentado en una de las camas, alzo la vista cuando me sintió entrar y me sonrió,
me sentí cálida por dentro, el dolor que tenia retorciéndose en mí desde la
muerte de mi familia desapareció por completo y no pude sino sonreírle con la
misma calidez que él lo hizo, aunque dudo que alguien con sangre de demonio en
las venas pueda hacerlo, me acerque un poco temerosa, como dije , nosotros solo
somos los encargados de la naturaleza, no nos metemos con los conceptos o las fuerzas del bien y el mal,
solo somos los de mantenimiento y control de daños.
Ni
ángeles, ni demonios, ni nephilim se
meten con nosotros y nosotros tampoco con ellos, aun así, bueno, tengo un
esclavo infernal, ¿Qué pierdo por hablarle a un ángel?
-
¿Has visto a algún encargado? - pregunte
parada a la prudente distancia que guardaba la otra cama, quien sabe si al
sentir mi aura demoniaca sacara una espada y me partiría a la mitad.
Se
movió en su asiento, iba a sacar algo de detrás suyo, mierda, la espada, ya
valí.
Tomo
un sorbo de su Coca- cola – No
tengo una espada – me dijo cortésmente, - ¿leyó mi mente?- tal vez era
idea mía, pero creo que estaba disfrutando el terror que me inducia – no temas,
no estoy aquí para aniquilar algo a parte de la comida – fijo la vista en mis
vendajes -¿Qué te paso?
-
Creía que ustedes saben todo lo que pasa.
-
¡Em! No, solo tu ángel de la guarda sabe todo lo que te pasa.
-
¿Tengo uno de esos?
El
rio echando la cabeza atrás y luego inclinándose hacia mi – Por supuesto, todos
tienen uno, hasta tú – me dio un golpecito con el dedo índice en el hombro
sano.
Su
tacto me puso nerviosa, pero no me quite. En ese momento entro la enfermera Anali,
enfundada en un vestido típico hindú de color ladrillo, es una mujer bonita,
todas las mujeres de ese país son bonitas, a veces siento algo de envidia.
-Por
Brahma, ¿niña, qué te paso?- se apresuro a mí para examinarme, interrumpió su
examen dijo – es la primera vez que te reviso a ti y no a una de tus victimas –
Byron hizo un sonido ahogado sospechosamente parecido a una risa.
-
Ataque.
-
¿Venganza?
-
Nop, fueron los puros.
-Jesús
– dijo Byron.
La
enfermera se apresuro a sentarme junto al arcángel, desenredo mi hombro
delicadamente, examinando con cuidado la herida, se ve fea, las venas de
alrededor son negras, como una siniestra araña, la herida en sí estaba curándose de forma acelerada, solo tenía el
borde rojo pero ya estaba sellada y no manaba sangre, la toco con la punta de
los dedos, me mordí el labio para no gritar -pero inconscientemente le apreté
la mano a Byron –Auch, que fuerza – se quejo pero no retiro la mano y en cambio
me dedico una sonrisa radiante.
La
enfermera termino de atenderme dándome un ungüento y una poción para evitar el
dolor y ayudar a curar más rápido. Me disponía a retirarme cuando Byron me
detuvo poniendo su mano en mi brazo, lo mire extrañada.
-¿Quisieras
charlar conmigo? - su voz sonó urgente y
alarmada, sí, aquí estaba, tal vez es cierto que no estaba aquí para eliminarme
pero si para dar un sermón acerca de mis “compañías”.
-Dime
– retrocedí sentándome - ¿qué le molesta a los poderes superiores?
-
Es lo que crees - suspiro, - sí,
definitivamente lee mi mente - , –
el caído que tienes a tu servicio, francamente no es una buena idea, demasiado
poder en...
-¿Manos
ineptas? – sugerí.
-No,
es todo lo contrario – eso me sorprendió, entonces no me creen una idiota,
bueno, eso es nuevo.
Entonces
otra idea se me cruzo.
-
Eso quiere decir que alguien cree que me corromperé por el poder – ese
pensamiento me hizo enfurecer, nosotros
no nos corrompemos, nosotros no anhelamos poder.
-No
quise decir eso – se masajeaba el puente de la nariz con los dedos medio y
pulgar de la mano izquierda – eres muy capaz de manejarlo, pero si se enteran
habrá quien quiera manejarte a ti para poder usarlo a él, lo que al gran
espíritu le preocupa es TU seguridad.
-
Nadie fuera de la AIM sabe de mi relación con Maniac, voy a estar bien.
-¿Y
si no?
-Voy-
a-estar-bien – remarque cada palabra dándole un golpecito al pecho. Me levante
y me dirigí a la puerta sin darle la oportunidad de contestar.
Me
pone nerviosa, no sé si es porque tengo sangre de demonio en mis venas o si es
por la relación que tengo con Maniac, solo sé que deseaba alejarme de ese
hombre, ángel, arcángel... lo que sea.
Antes
de salir de la enfermería escuche que me llamaba por mi nombre –Tu gente te
manda sus recuerdos y amor.
Me
detuve en seco y me gire –Tu los conoces, los haz vis... – ya se había ido,
genial, ahora no se si era cierto o una estrategia. De todas maneras,
suponiendo que es una estrategia, de seguro el espíritu blanco sabe que las
órdenes me las paso por el arco del triunfo, digo, con todo respeto. El no es
conocido por bajar en persona a ayudarnos.
Me
encamine a mi recamara.
Las
misiones de practica son tres veces a la semana, la primera se coordina con
todo el cuarto grado, después de esa se pueden solicitar, los judíos y los
católicos las pedimos lunes miércoles, jueves para los judíos y viernes los
católicos, los musulmanes martes, jueves y sábado, en fin depende de cada
quien.
En mi siguiente misión Lucian pidió ser mi
compañero, Matt y yo quedamos en buenos términos cuando le propuse que nos
viéramos en los campos de entrenamiento de la EMD, acabamos llenos de
moretones, él con tres costillas rotas... de cada lado,- ¿culpa?, no,
¿orgullo?, maldición que sí -. Un ojo de cotorra, el hombro dislocado y un
moretón en la mandíbula. Yo termine con la rodilla raspada y la rotula
desviada, dos dedos rotos ambas espinillas del color del camote, los codos
raspados y la ceja, el labio y la nariz rotos, pero cuando regresamos a la
academia entramos riéndonos, abrazados.
-¿De
verdad? – Matt me venía contando la vez en que se quedo en Arizona y tuvo que
salir en pleno medio día para comprar algo y se estampo de frente en un árbol.
-Te
lo juro, esto – dijo señalando la mandíbula –no es nada, aquella ocasión quede
lleno de astillas por todo el rostro, mamá estuvo como tres horas sacándolas
con unas pinzas de depilar
Rob
venia caminado por el pasillo cuando nos vio en la distancia, negó con la
cabeza por nuestro aspecto, no hay de qué preocuparse, yo sano algo más lento
pero aun así mil veces más rápido que un humano, en cuanto a Matt, bueno es un
vampiro, en un par de horas estará como si nada.
-¿Traigo
el registro? – pregunto Rob sonriendo cuando nos alcanzo.
El
registro es una tonta tradición que tenemos desde que nos conocimos en la EMD,
cada vez que nos enfrentamos en un combate registramos con detalle las lesiones
que nos causamos, al final del año, quien sufrió más y menos lesiones se llevan
un premio, aunque el que tuvo menos se lleva el mejor de los dos, también
tenemos un pequeño reconocimiento para quien se metió en más peleas.
-Yo
gane – exclame sonriente mientras trataba de enderezarme un dedo.
-Dios
nos ampare – la voz de detrás de nosotros era de Leroy – acaso tuvieron un
encontronazo con un ogro o simplemente se descuidaron al pasar por los
acantilados.
Riendo
los cuatro nos dirigimos a mi habitación para curar nuestras lesiones,
en realidad simplemente nos pondríamos algo de árnica y maquillaje en los
morados, la academia tiene reglas estrictas con respecto a las peleas, aunque
no dudo que acabemos exhibiendo los moretones como trofeos, nos criamos en el
combate, excepto los que entraron primero en la AIM, aunque les sirve para que
vayan acostumbrándose.
-
Eso quisieras azuquítar – me abrazo mas fuerte Matt – contemos cuantas partes
te sangran y cuantas a mí, el que tenga más pierde
-¿Qué?
-¿Qué
de qué o qué?
-¿Eh?
Todos
nos miramos y empezamos a reír a carcajadas – Quiero decir que qué pierde.
-
No sé, simplemente determinemos quien gana y que reclame su premio cuando se le
ocurra algo ¿de acuerdo?
-
De acuerdo – dijimos todos poniendo nuestras manos juntas. Mire a Rob y Leroy
–Y ustedes ¿qué? – sonrieron
-Nosotros
también pagaremos la apuesta a quien gane.
Al
final perdí yo por una rodilla, pero por alguna extraña razón me dejaron ganar.
Más
tarde en mi habitación, mirándome en el espejo de cuerpo completo mientras me
preparaba para bajar a ver a mi novio me entere que mi espalda, desde los hombros
hasta mis nalgas estaban moradas, completamente moradas con los bordes verdes o
amarillos, los muy cobardes no se atrevieron a decirme que no podría usar la
camiseta con la espalda descubierta que había comprado en un mercado feerico y
por la que había estado emocionada desde hace dos semanas por usar en mi cita
de esta noche con Jeto. Prefirieron dejarme ganar.
A
la mañana siguiente mi misión me llevo a Tolantongo en Hidalgo, Lucian y yo nos
encaminamos y todo transcurrió en calma, intercambiamos turnos para vigilar y
encontramos al nahual que atemorizaba a la población local, hablamos con él y
acordó delimitar su territorio de actividad a fin de permanecer lejos de los
humanos.
Estando
en un sitio tan bello no podía perder la oportunidad de tomar un baño en las
aguas termales, al anochecer me metí en
la gruta, prometiendo a Lucian que no me tardaría, una vez vine aquí con mi
familia, mi padre intento que entrara con él a la caverna, pero me asuste
cuando no pude tocar piso, aun no sabía nadar y preferí regresar con mi madre que nos esperaba fuera.
Esta vez tengo toda la intención de entrar a esa oscuridad, viéndola ahora me
hacía pensar que tal vez esa era la apariencia de mi mente, de mi alma, aunque
estaba mejor aun me siento sola y perdida, así de oscura, ¿Qué más da si me
dejo envolver por fuera con lo que llevo por dentro?, me adentre en la caverna
agarrada de la cuerda, sintiendo por poco el piso con la punta de mis dedos, me
relaje, dejándome flotar en la tibia agua, en medio de la oscuridad, estando
ahí sin ver, oír ni sentir nada me pregunte si eso era estar muerta.
No
sé en qué momento me quede dormida, (últimamente tengo tendencias
narcolepticas), solo sé lo que me despertó, una necesidad de tomar aire, algo
me sujetaba debajo del agua, impidiéndome salir a la superficie para tomar
aire, mis pulmones ardían al igual que mi garganta y vías respiratorias por el
agua que aspire, nuevamente me atacaban, de nuevo alguien me quería muerta,
esta vez no había manera de llamar a nadie que me ayudara, estaba desnuda por
lo que mi colgante de Balam no estaba en mi cuello, y debido a que estaba bajo
el agua tampoco podía convocar a Maniac, trate de luchar y zafarme, luego
recordé aquel programa de animal planet sobre las zarigüeyas, me relaje
esperando que me creyeran muerta, era un escape estúpido, pero era lo único que
se me ocurrió, tal vez por la falta de oxigeno al cerebro pero si nadie da
ideas no critiquen.
Me
soltaron y flote, no sé cómo hice para tomar aliento en silencio y no toser,
alguien me tomo del tobillo y comenzó a alarme fuera de la gruta, cuando el
agua se hizo poco profunda las rocas arañaron mi espalda y golpearon mi cabeza
pero no emití sonido alguno hasta que, con los ojos entreabiertos note el
brillo de las estrellas en el cielo, era algo hermoso y mi señal para pedir auxilio.
-
LUCIAN - grite tan fuerte que creí que los turistas en el hotel escucharían,
pero no me importaba.
El
grito ocasiono varias cosas, la primera que me soltaran cerca de la orilla y un
hombre joven saltara sobre mi colocando sus manos alrededor de mi cuello para
intentar asfixiarme, el otro hombre que lo ayudaba me sujeto las extremidades
evitando que me moviera y finalmente que Lucian apareciera con una gruesa rama
de higuera y cargara contra los tipos, quienes al parecer eran puros y
habían aprendido a operar en parejas como nosotros.
Se
llevaron unos cuantos golpes antes de que se dieran por vencidos, yo me
arrastre tosiendo lejos de ellos, embarrándome de tierra y barro la piel
desnuda, me dolía todo donde me raspe o golpee, pero con todo me envolví en la
capa del uniforme, buscaba frenéticamente a Balam entre mis ropas pero no pude
encontrarlo, afortunadamente para cuando voltee solamente Lucian estaba de pie,
los otros dos estaban tirados inconscientes en el piso.
-Sera
mejor que regresemos a la Academia, y llevaremos a estos dos- señalo con la
cabeza en su dirección – vístete.
Yo
asentí, Lucian elevo su mano derecha que
se prendió en llamas se acerco a mí y me levanto la barbilla con la otra mano
para examinarme el cuello.
-Al
menos esta vez nadie te apuñalo.
Sonreí
-¿Crees que mis moretones son sexys?
La
sonrisa que me dio fue más bien triste y no divertida como yo lo esperaba- Sí,
Jethro se volverá loco con ellos – me respondió sarcástico y triste.
-Hey,
chico alegre ¿qué sucede?
-Nada,
es solo que si algo te pasa, no sé qué sería de mi hermano, mis hermanos,
incluso de mí.
No
dije algo más, ¿Qué más se puede agregar a eso?
Después
de que me vestí atamos a los puros, tan fuerte como pudimos, los llevaríamos a
la academia, abrimos el portal y yo cruce primero, la sala de portales estaba
completamente desierta por lo que me adelante a buscar a cualquiera que
quisiera venir a esta hora, a recibir a nuestros prisioneros.
Mi
mejor suposición era Krumm, quien siendo tan celoso de su trabajo seguramente
seguía en su oficina, me dirigí a ella, no note luz bajo la puerta de pino,
gire la perilla para asomarme al interior, esperaba verlo en su escritorio o
dormido en uno de los sofás pero estaba totalmente vacía y la luz que se
filtraba de la oficina dejaba claro que hacía mucho tenía esa condición,
entonces tendría que encontrarlo en su habitación, espero que no esté
durmiendo, nunca he visto sus pijamas ¡Hay Jesús! ¡¡¿¿Y si duerme
desnudo??!!... trague y me obligue a tocar la puerta cuando llegue a ella, con
verdadero miedo de lo que habría detrás de esta, nadie respondió, por lo que
esta vez golpee con mi puño de lado en lugar de solo con los nudillos, la
tercera vez creí que la puerta se caería de sus goznes, estaba empezando a
considerar derribar la puerta o dar la alarma de que algo le pasaba al director
cuando este abrió la puerta.
Bien,
he vivido mi vida aquí desde que tenía cuatro años, he visto trasgos, goblins,
elfos, vampiros, demonios naturales, enanos, dragones, unicornios ogros y
básicamente cualquier criatura imaginable, incluso un demonio infernal esta
bajo mi servicio pero nada, nada, nada,
en este lado o en el humano me preparo para lo que vería cuando la puerta se
abrió.
Krumm
estaba de pie frente a mí, restregándose los ojos somnolientos, vestido
únicamente con sus bóxers estampados de corazones y besos y uno de esos
gorritos graciosos que parecen un cono con una borla en la punta, esta versión
de tela y borla azul cielo tenia dibujos de estrellas y lunas doradas y
borregos saltando cercas, fijo la vista en mi, alarmándose cuando el sopor se
retiro permitiéndole reconocerme -¿Qué pasa señorita Cuautlatoatzin?
-Otro
ataque, señor, esta vez pudimos capturar a los perpetradores, Lucian los tiene
retenidos afuera en el portal.
-¿Esta
solo?
-No,
lo deje con Balam.
-Bien,
vamos allá - se encamino por el pasillo.
Me
aclare la garganta- Em, director, tal vez le gustaría ponerse algo de ropa
–Krumm miro hacia abajo, poniendo ojos como platos, levanto la mano indicándome
con el dedo que los esperara un minuto y cerró la puerta de golpe.
–
Con un estudiante traumado es suficiente – murmure.
Llegamos
a la sala de portales corriendo por los pasillos, el nuestro tenía ese brillo
plateado que los portales tienen cuando son usados, el director se apresuro a
este y miro detenidamente la imagen, en medio del espejo se veía la figura del
gemelo de mi novio, solo diferente a el por el estilo militar de su cabello,
parado junto a Balam vigilando detrás de dos tipos fuertemente amarrados
sentados en la tierra con expresiones que vacilaban entre el terror y el asco,
Krumm suspiro y atravesó el portal, se dirigió al inmortal y hablo con él en
voz baja para que ni los puros ni yo pudiéramos escuchar, Lucian asintió con la
cabeza varias veces y luego ambos ayudaron para transportar a los hombres a
través del portal, las alarmas de la academia no se dispararon porque el director
es quien las activa y desactiva .
Detrás
de ellos venia Balam, quien apenas me vio troto en mi dirección, Lucian paso
una mano por su cabeza – Lindo minino – le dijo en voz bajita antes de que este
se disolviera en un humo negro que entro directamente en mi collar.
Caminamos
por la escuela en casi completo silencio, pero los tipos no dejaban de maldecir
y jurar cosas que harían ruborizar a un marinero ebrio.
-
Cielos, ustedes sí que nos odian verdad – Lucian se veía exasperado.
La
verdad, también me canse de sus palabrotas, no es que yo no las diga, pero
estoy segura de que la madre de Krumm y de Lucian son mujeres respetables que
merecen consideración así que hice lo único que se me ocurrió, de acuerdo lo
único que se me ocurrió que no involucraba sangre, tortura y mutilación.
-
Uskut – entoné chasqueando los dedos y al momento las voces de los humanos se
callaron, aunque seguían escupiendo leperadas y fui capaz de leer sus labios en
algunas ocasiones, haciendo nota mental para agregarlas a mi repertorio.
No sabía que teníamos un calabozo, pero
lo tenemos, exactamente como cada película e ilustración medieval que había
visto en mi vida, hecho de piedra con grandes aros de metal fijados den las
paredes y pisos para asegurar grilletes, si es que todavía se fabrican esas cosas,
pequeñas puertas de madera con rendijas para pasar comida a los prisioneros y
hasta un foso, me asome esperando ver cocodrilos, afortunadamente para nuestros
rehenes, no había, no sé si hubiera resistido la tentación de empujarlos. Krumm
busco la celda más grande y los metió dentro, cuando aseguro el candado hizo un
ademan con la mano y las cuerdas se desataron liberándolos , flotaron en
dirección al director enrollándose por sí solas lo que hizo más sencillo que
las sujetara cuando llegaron a sus manos a través de los barrotes.
-¿Por qué la atacaron? – el tono del
director era suave, como si le hablara a un pequeño niño asustadizo
-Es una de ustedes – respondió el
más joven como si la pregunta fuera tonta y mas el que la hacía.
-Eso no es malo - refuto Krumm, con voz tranquila.
-Lo es para nosotros, ustedes son
criaturas del averno, viven para corrompernos y mandar nuestras almas
inmortales allí, son monstruos,
abominaciones de la naturaleza que se atreven
a manchar a nuestras mujeres para que tengan a sus vástagos, y ella – el viejo
me señalo con su dedo - ella es la peor
de todos porque exuda corrupción de cada poro, puedo oler desde aquí la
podredumbre de su alma – el veneno y el odio goteaba de sus palabras.
No sé por qué me afecto lo que dijo,
pero me sentí mal, casi como si realmente fuera mi culpa ser una
cruzada... me enfurecí conmigo misma por
pensar si quiera que era malo ser una cruzada, es lo que yo soy, mi sangre y mi
linaje es algo hermoso, soy la convergencia de las creaciones del Gran Espíritu
Blanco, estos tipos pueden ser unos idiotas, pero dicen las cosas con tal
seguridad que llegaban a convencer o al menos sembrar dudas. Lucian noto el
cambio de mis expresiones, siempre ha sido el observador de los Blacke.
-Nosotros todo lo que queremos es
mantener este mundo lo mejor posible para que vivamos bien, siempre hemos
querido armonía, es su gente la que no nos permite ayudarlos – se adelanto
Lucian furioso y con el seño fruncido.
-Nosotros no tenemos necesidad de su
ayuda, todo lo que venga de ustedes es veneno- espeto el cuarentón empujándose
contra la puerta de la celda, como queriendo alcanzar a Lucian.
-Entonces cada cosa sobre esta
tierra es veneno, haz estado comiendo, bebiendo y viviendo sobre veneno,
nosotros somos los responsables de este planeta, por nosotros las estaciones
cambian y los animales proliferan a pesar de las cosas horribles que ustedes
hacen - el enfado que sentí hacia mi
hace un momento fue redirigido al tipo cuya boca solo sirve para verter estupidez
en el mundo.
-Es por Dios que eso sucede – grito
el puro
-Y ¿Quién crees que nos puso en la
tarea? – gruñí adelantándome preparándome para lanzarle un golpe al rostro.
-Vasta, déjenme a solas con ellos,
yo los interrogare – Krumm me tomo por el brazo echándome hacia atrás.
Lucian asintió y me tomo del otro
brazo para llevarme afuera de ese sitio, caminábamos lentamente pegados el uno
al otro en el costado -¿Tú sabías que tenemos este lugar aquí dentro? –
pregunte en voz baja a mi compañero.
-Sí, es el recuerdo de tiempos
oscuros y peligrosos- su rostro se puso sombrío y triste.
-Um que extraño- le sonreí divertida
-¿Qué?- detuvo la marcha y me volteo a ver.
-Me quede esperando el remate
musical – los dos nos reímos justo antes de escuchar el grito de alarma del
director solo a unos pasos por detrás de nuestra posición.
Nos dimos la vuelta corriendo por el
pasillo, Krumm estaba tratando frenéticamente de abrir la cerradura de la
celda, Lucian le arrebato las llaves de las manos y abrió el mismo, nos precipitamos
dentro, ambos hombres estaban tirados en el piso de piedra, ambos con espuma
blanca saliendo de su boca, Lucian se agacho a revisar los cuerpos ahora sin
vida.
-¿Qué paso?
-Me distraje al sacar las llaves de
mi bolsillo y cuando voltee de nuevo a ellos ambos se comían algo, fue una gran
cantidad, no pude hacer nada .No sé que fue, parecía sal.
-Cianuro de potasio – dictamino
Lucian con tono experto.
Me quede mirando los cuerpos, nunca
había visto muertos, bueno no unos así, nunca había visto muertos que lo fueran
por propia elección, que tiraran a la basura un milagro como la vida, pero
bueno, si los humanos podían matar a otros no veo por qué no se lo hicieran a
ellos mismos, estos tenían los rostros
contorsionados de odio con los ojos fijos en la nada. Lucian se incorporo y me
saco de la celda, el director dijo que se encargaría de todo, nos indico que
enviáramos a la subdirectora con él.
Las siguientes cuatro misiones
fueron bien, en completa calma, sin sombras, sin asechos ni sospechas, fue tan bien que incluso Matt fue mi
compañero en una de ellas y Rob en otra.
Nos mezclábamos con los humanos en
las ciudades, los colores de piel que no entraban en la gama humana junto con
ojos de colores extravagantes, las garras y las pupilas de gato o reptil
desaparecían debajo de los distintos tipos de glamour, usábamos mezclilla y
tenis, gorras, lentes de sol para los vampiros que se cuidaban de no sonreír
para evitar mostrar sus colmillos, ropa común para gente “común”, bueno todos
excepto Cyrus que tenía cosas solo de Salvatore Ferragamo.
Nos movíamos entre los mestizos y
algunos puros que definitivamente no sabían de nosotros, algunos practicantes
nos podían reconocer y era debido a eso que de vez en cuando un humano se detenían a mirar atentamente a alguno
de nosotros y luego sonreía ampliamente para después continuar su camino.
Mi padrino, Byron y mis tíos se
presentaron en la escuela armando un escándalo debido a Maniac y después de
horas de discusión me soltaron haciéndome prometer que definitivamente solo
usaría su ayuda en casos extremos y desesperados y como último recurso. De todas formas no es que me emocione mucho
el hecho de fiarme de un caído, aunque
me molesto que el arcángel se metiera en esto, me sonaba como una discusión
acerca del perro de la familia y no me gusto que un extraño expresara su
opinión, como si el vecino decidiera la raza del cachorro, aun así me trague
mis comentarios sarcásticos y creo que me provoque una ulcera por aguantarme
las ganas de patear al ángel, sabía que si él intervenía era por petición del
espíritu blanco.
La siguiente misión tendría lugar en
una popular ciudad humana, Jeto insistió en acompañarme y estaba emocionada por
ello, la verdad a esta altura se me había olvidado por completo que alguna vez
me hubieran atacado, aunque una bonita cicatriz estaba en mi hombro, algunos
chicos de la academia bromeaban conmigo diciendo que me daba una apariencia
sexy y peligrosa, Jethro a menudo la acariciaba con el ceño fruncido y ojos
tristes.
Acordamos separarnos para encontrar
al vampiro renegado que ya había desangrado a dos personas, después de
encontrarlo lo llevaríamos ante el concejo, y así tendríamos el resto del
tiempo libre, y ya que nos encontrábamos cerca, tal vez podríamos visitar
Central Park, ese sitio es una bacanal
féerica y la verdad es que nos merecemos un poco de lujuria y
libertinaje, no recuerdo la última vez que pude manosearme con mi novio sin que
nos interrumpieran o tuviéramos que correr a clases.
Me fui caminando en dirección
contraria a la que él había tomado, entre menos tiempo nos tardáramos en
encontrar a Leonard más tiempo tendríamos para... nuestros asuntos. Me metí en
el callejos donde habían encontrado a la última víctima, inspeccione
detenidamente el sitio, pero nada anormal saltaba a la vista, aparentemente
encontraron a un chico degollado al que le quitaron sus cosas, la policía
dictamino que había sido un robo que salió mal, pero el corte fue reconocido
por un practicante que trabajaba en la morgue de la ciudad, por lo que no dudo
en informar que esta era la segunda ocasión en que un vampiro intentaba
disimular sus fechorías con un cuchillo, lo que demuestra, contrario a lo que
me gusta pensar, que no todos los antiguos son inteligentes.
No encontré ni una pista que pudiera
utilizar así que me gire y casi me estrello contra un grueso muro de músculos,
un enorme tipo vestido como todos los puros en trajes militares de
nacarados blancos y grises, con sus pasamontañas y sus armas de plata
desenvainadas.
Eran cuatro, el que me obstruía el
paso, me coloco unas esposas de cuero que me quemaron la piel, las ampollas
fueron instantáneas, encima tenían el grabado del pentagrama de la alquimia –hipócritas,
nos llaman engendros del averno por la magia, pero ellos la usan contra
nosotros- pensé.
Las esposas parecían inofensivas
aparte del calor que despedían, pero cuando trate de romperlas no pude, me
quemaron aun más profundo sacándome un grito de dolor que ahogue apenas salía
de mis labios, no les daré la satisfacción de saber que me dañaban, lo
siguiente que supe fue que tampoco me permitían usar magia, cuando intente un
hechizo de inmovilidad, lo que usualmente me tomaba un soplo de energía
semejante a ponerte en pie cuando has estado sentado en el suelo y un gesto con
la mano, -me inclino por chasquear los dedos-. Esta vez a penas intente
hacerlo, me sentí como si hubiese corrido una maratón cargando bultos de cien
kilos en cada brazo, incluso me atacaron las nauseas, no debo entrar en pánico,
pero sin mi magia estoy indefensa y no voy a usar mi fuerza física contra estos
tipos, los humanos son frágiles y si me excedo... ya me ha pasado que en el
fragor de la batalla me descontrolo, “me prendo” y simplemente peleo más fuerte
y con más ganas.
Comenzaron a atarme con gruesas
cuerdas y cuando uno de ellos se acerco a mí con una mordaza lista lo único que
atine para gritar fue: - MANIAC – la
criatura se materializo frente a la pequeña trifulca que se detuvo de
inmediato, pude ver las miradas de terror y desaprobación en los ojos de los
puros, sentí una diminuta explosión de energía
y los cuatro hombres cayeron
inconscientes en el suelo, sin decir palabra la criatura se acerco y me libero
de mis ataduras.
-Ama – entono fríamente mientras se
inclinaba levemente.
No sé por qué la idea de que me querían
llevar los puros me incomodo, no podían quererme para nada que no fuera
retorcido, probablemente querían algo con Maniac tal como Byron me advirtió, y
me enfado más que no pudiera manejar la situación por mí misma, no me gusta que
me ayuden, no me gusta que los demás crean que soy débil, que necesito que me
rescaten, jamás he podido soportarlo, Jeto lo aprendió a la mala, no,
definitivamente jamás sabría alguien más a parte de mi siervo que esto ocurrió,
el infierno que nadie se enteraría.
- Te prohíbo decirle a alguien lo
que ha sucedido esta noche Maniac, nunca mientras no te lo ordene, alguien
sabrá que esto sucedió – el caído asintió – puedes retirarte – él no aprecia la
gratitud o la buena educación por lo que ni me moleste en agradecerle.
Estaba todavía temblando por la
experiencia cuando me encontré con Jeto, al parecer el encontró al vampiro y lo
envió al consejo de los antiguos, estaba tan emocionado que no notó algo
extraño en mi, sonrió ampliamente cuando me vio caminando hacia él, se acerco y
me tomo de la mano, nos dirigimos al sitio del que sabíamos que tendría una
fiesta hoy.
La fiesta estaba en uno de los más
inaccesibles sitios en los que se pueda un humano aventurar, paro nosotros
desde luego no fue un lio muy grande, me cambie mis pantalones de mezclilla por
unos mallones pescadores negros con un blusón azul rey que se ceñía a mi
cuerpo, unas sandalias de piso con correa completaban el atuendo y mi cabello
siempre lo recogía de una manera muy particular, me tardo un poco más de lo
debido, primero saco mi fleco que está cortado a la altura del puente de mi
nariz al frente y se hace más largo llegando a la altura de mi mandíbula en los
costados, luego tomo cuatro mechones al frente y los tuerzo hacia abajo
fijándolos, lo último es que el resto de mi cabello lo divido en cuatro y los
retuerzo hacia arriba, fijo cada uno de los mechones ligeramente más arriba de
la mitad de mi cabeza cuidando que las puntas queden paradas y las alboroto
para que apunten en todas direcciones, el resultado es un peinado que da
impresión de que me he puesto un tocado de plumas en la mitad de mi cabeza, se
lo copie a una violinista de apellido Stirling. Algo de rímel, sombra brillante
y un labial cuyo color mamá llamaba “rojo putita” y listo.
Jethro es otra historia, siempre
mantiene su cabello recogido en una coleta, aunque se ve supremamente sensual
cuando llega dejar que la espesa cortina
del color del jengibre ondee libre cerca a su mentón, pantalones vaqueros que
destacaban su trasero, el que era un imán para los ojos de las chicas, su
condición de inmortal le proporcionaba por naturaleza una musculatura agradable
a la vista, pero al haber asistido a la EMD esta se desarrollo aun más, por lo
que usar esas camisetas delgaditas de algodón permitía que saltara a la vista
su esculpido y perfecto cuerpo así como cada una de las ondulaciones de estos,
y sí, las chicas de todas las edades y condiciones me miraban con envidia e
incluso con algo de ira, un adonis, un perfecto dios griego hecho de mármol,
ese era el hombre, no , el inmortal con el que estaba.
Parecía un árbol, un árbol torcido
con un agujero natural, ni siquiera lo suficientemente profundo para que
entrara en él una ardilla de tamaño pequeño, de no ser porque desde dentro
podía escuchar la música y la algarabía y uno que otro gemido, ejem, si ese fue
un gemido. Afuera como custodio o “cadenero” estaba sentada un espíritu de
brezo canturreando... – ¿Esa es Highway to hell? – le pregunte.
-Así es querida cruzada, AC-DC es la
ley ¿no lo crees guardiana de nuestra paz, armonía, amor y vida? ¡Oh! y también tienes un guardián contigo ¿es
tu compañero? – dijo acercándose a el pecho de Jeto.
Me adelante interponiendo mi cuerpo
de manera protectora ante la ridícula chica enfrente de mí, tal vez si tocaba
mi corazón me mataría, si lo hacía en mi cabeza perdería la cordura, aunque si
nos ponemos en esas, creo que ya no surtiría efecto su poder, de todas formas
no permitiría que algo le pase a él; Jethro puso un brazo alrededor de mi pecho
– Soy inmortal mi amor ¿recuerdas? – claro, no creo que necesite mi protección.
-Ahora vamos a entrar – declaro mi
novio al espíritu del brezo que llevaba un entalladísimo y muy corto vestido de
una tela rosada transparente.
Entrando en el enorme salón lo que
te recibía era una pareja arrinconada que se besaba, ella estaba sentada a
horcajadas en su regazo restregándose sobre el muchacho al que parecía que le
reventarían los pantalones, mas allá la música tecno sonaba a todo volumen, las
luces eran a penas las suficientes para ver a el resto de las parejas en
actitudes similares o peores que la que los chicos cerca de la puerta tenían,
me emocione, aquí nadie notaria lo que planeaba hacerle al pobre Jeto quien ya
estaba sudando, tragando saliva y rojo como jitomate.
Nos acercamos al centro de la pista
donde una hamadriada nos ofreció una copa de frio vino especiado, la tomamos y
le dimos las gracias, la bebimos despacio; definitivamente el vino tenía algo
que estimulaba la libido o desinhibía porque lo siguiente que supe fue que Jeto
ya no se veía cohibido y me aplastaba contra el dándome un beso hambriento,
puso sus manos en mis costados arrastrándolas a mi cadera, subí su camiseta,
mis dedos estaban calientes y me daban descargas que me emocionaba y excitaba
al mismo tiempo al sentir su piel en la punta de ellos, me arrastro lejos de la
pista, a un rincón en el que había un bonito banco de ... a quien le importa de qué demonios esta
hecho, me empujo contra la pared, una de sus manos corrió por debajo de mi
blusón hasta mi pecho acunando la forma en su mano y suspire, lo sentí sonreír
en la curva de mi cuello.
-Más, por favor, más – ronronee
apretando mis caderas contra las suyas.
Su boca regreso a la mía, su lengua
se enredo con la mía, su sabor me vuelve loca, era caliente, hambriento, me
exigía más y yo estoy dispuesta a darle todo, suspire de nuevo y el subió su
pierna colocando la rodilla entre mis piernas, me estremecí, me frote contra
él, la descarga de placer me hizo de gelatina las piernas que ya no me
sostenían, pero la presión que aumento en mi centro me hizo explotar la cabeza,
su mano no se aparto de mis pechos, mis pezones dolían por su lenta y dulcísima
tortura, la otra acariciaba mi cintura dejando un rastro ardiente por donde
pasaba.
Una de mis manos fue a su cuello y
mi boca detrás de su oreja, la otra mano viajo a sus pantalones, un gruñido
reverbero en su pecho y sonreí con satisfacción, eran pocas las cosas que podía
hacer para que él perdiera el control y me fascina hacerlo, además saber que
esa reacción se la causaba yo me hacía sentir poderosa, feliz, completa y ¡HAY!
-Despacio – dijo jadeante Jeto
retirándose de mí con una sonrisa radiante.
-No – lloriquee – quiero estar
contigo – remate con un puchero– ya no quiero ser virgen.
- Y yo cielo – se rio entre dientes
– pero, mejor nos tomamos un refresco, creo que ese vino tenía algo, no es que
me hiciera falta – sus ojos ardientes me estudiaron antes de dar media vuelta en dirección al bar
que atendía un sátiro - creí que tu familia era de la idea de “virgen hasta el
matrimonio”.
-No – sonreí – mi familia es de la
idea de “virgen hasta el amor”.
Mientras lo veía alejarse de mí,
vino a mi mente el recuerdo de la plática de mis padres respecto al sexo, la
primera, esa que te explica los hechos de la vida, me fue impartida diligentemente
por mi madre, esta fue diferente, mis padres me habían explicado el verdadero
sentido de la expresión “hacer el amor”, el sexo por puro placer no existe en
nuestra cultura, “para nosotros es la máxima expresión del amor, brindarle
al otro tu cuerpo que es el sitio donde reside tu alma para que esta este lo
más cerca posible de la suya, y si es la persona correcta aun estando unidos de
esa manera sentirías que no estás lo suficientemente cerca” había dicho mi padre; “entonces no
solo es correcto que lo hagas, sino que será lo más hermoso y bueno que puedes
hacer” termino mi madre, recuerdo haberles preguntado si sería malo o
preocupante que lo hiciera siendo demasiado joven, ambos me contestaron que si
encontraba a esa persona demasiado joven entonces sería demasiado afortunada y
que definitivamente no era malo, yo ya estaba segura de que Jethro Blacke Actron
Dedinril era esa persona de la que nunca podría estar lo suficientemente cerca.
Una
mano de largos dedos blancos extendió frente a mí un vaso de cristal de un
bonito color azul – Tal vez la dama me honre en aceptar mi ofrecimiento.
Levante
la vista siguiendo el brazo, su dueño resulto ser un mestizo, al parecer mitad
sídhe de hielo y mitad humano, piel blanca, pelo rubio platinado casi blanco,
ojos de azul claro como un tempano de hielo herencia de uno de sus padres, la
otra mitad se notaba en su estatura ligeramente más baja de lo normal para un
ser féerico, igual que su musculatura más desarrollada.
-Gracias,
mi novio ya fue por algo – conteste empujando el vaso, no tengo intenciones de
tomar nada que no sea verificado en persona por él o por mí.
Se
encogió de hombros con indiferencia, creí que se iría, pero en lugar de eso se
sentó muy cerca de mí en el banquillo que ahora sabia es de caoba y terciopelo
blanco, me recorrí lo más lejos que pude de él que se empeñaba en cerrar la
distancia, me cruce de brazos y piernas de manera protectora, lo que le pareció
realmente divertido al tipo.
- Mi
nombre es Garay, me gradué de la AIM el año pasado – no sé que esperaba que le
dijera pero algo esperaba porque se quedo callado, se dio cuenta que no
pretendía de manera alguna seguirle la plática por lo que continuo – me gusta
la miel, el clima caluroso y los días soleados – eso era raro para un espíritu
del hielo – el color rosa en las chicas y la piña.
Oh
espíritu blanco, ¿Dónde demonios esta ese inmortal, no quiero tener que matar a
este pobre chico - ¿De verdad? , porque yo ODIO CATEGORICAMENTE todas esas
cosas, odio el sabor demasiado dulce y extraño de la miel, detesto el
clima caluroso me hace sudar y odio sudar, soy una nocturna así que detesto los días soleados prefiero los
días nublados y lluviosos, el color rosa es el peor color en toda la gran creación del magnánimo espíritu
blanco y la piña me causa nauseas con solo olerla – lo mire
fijamente esperando que por fin se diera por vencido y se retirara y dejara de
respirarme en el maldito cuello, toda la pasión que había sentido hace apenas
un par de minutos se fue al carajo y ahora lo único que hervía en mi era la
rabia y la incomodidad.
-Bueno
– suspiro él – puedo cambiar todas mis preferencias, solo dime que tengo que
hacer – su sonrisa estaba a punto de desaparecer bajo mi puño.
Afortunadamente
en ese momento llegaba Jethro con el ceño fruncido, se aclaro la garganta y el
chico se levanto inmediatamente dejando libre el asiento – Ignóralo, mi primo
siempre trata de hacerse el graciosos cuando conoce a una chica linda, no tiene
idea de que en realidad resulta molesto.
Me
asome al otro lado de Jeto, ahora notaba el parecido, conozco a su tía, no es
una humana común, ella es una alquimista igual que el abuelo de Jeto y su
madre, y si no mal recuerdo la tía Blacke efectivamente está casada con un
espíritu del hielo, un gentry de invierno.
-¿Cómo
están la tía Eleanor y el tío Gustav? – le pregunto Jeto ofreciéndome un vaso
lleno con el logo de coca- cola que yo tome.
- ¡Ah!
ya sabes, bien, peleando porque mamá quiere irse a vivir cerca del abuelo en
Avalón y papá no quiere dejar Dinamarca, tu entiendes, nació allá -
me dirigió una mirada furtiva – tu chica es linda, pero al parecer no
coincidimos en nada – suspiro dramáticamente – de verdad es una tragedia.
Jethro
me sonrío - ¿Qué te dijo?
-Miel,
calor, sol, el color rosa y piñas – refunfuñe.
El
inmortal inclino la cabeza atrás y rió a carcajadas – Oh hermano, estabas
taaaaaan equivocado.
-Entonces
¿es cierto? – preguntó el mestizo levantando las cejas con ojos sorprendidos –
creí que solo estaba siendo hostil conmigo por ti.
Jethro
me dio un beso en la parte superior de mi cabeza, abiertamente divertido.
-No
para nada, ella no necesita ser fiel a mí para ser hostil.
-Oye –
exclame frunciendo el ceño y luego clavando mi codo en sus costillas, lo que
solo causo que el riera más fuerte.
Mi
frustración crecía, aquí estaba yo en la mejor disposición lasciva de mi vida y
él hombre en una amistosa conversación con la familia, burlándose de mí en
lugar de montarme salvajemente como era mi esperanza cuando entramos aquí, tal
vez el primo de mi novio era un buen tipo pero definitivamente a mi no me
estaba cayendo nada en gracia.
Una de
las primeras cosas que te enseñan en la academia son las leyes del universo:
cuando puedas, debas y quieras aprender el maestro aparecerá; las cosas pasan
tal cual cómo deben pasar; el tiempo de las cosas es el tiempo perfecto en el
que deben suceder, no antes no después; todo tiene un precio que debe pagarse
(condensación de las reglas alquímicas), lo que tomas lo devuelves, lo que
obtienes lo agradeces; la persona que es, es la que tenía que ser. Creo que lo
hindús lo resumieron eficientemente. Basada en ese pensamiento trate de
relajarme y dejar pasar la frustración, ten pensamientos zen, ten
pensamientos zen, no pienses en su boca, su magnífico cuerpo, las sensaciones y
los movimientos exquisitos de hace un minuto, o buen señor y su olor, nooooo,
noo, no, no, no, no, no, ten pensamientos zen, ten pensamientos zen, agua,
frío, hilo, la estepa, el polo norte, el polo sur, un oso polar... ¡oh, piedad
buen espíritu blanco! Que mi mente se ocupe en algo más, lo que sea...
Me
zampe de un trago la bebida que tenía en mis manos con todo y hielos,eso no era
coca-cola, no tengo ni idea de qué demonios estaba hecha pero era fresca y te
dejaba un sabor delicioso en la boca y la sensación de cuando ya se ha
derretido un hielo en ella, me quede mirando la boca de Jeto mientras charlaba
con su primo, ¿sabrá lo maravillosa y sensual que es, con ese labio inferior
ligeramente más carnoso que el superior, suaves y del color de las cerezas?
rodeados por la incipiente y suave barba rojiza que brilla como cobre y oro por
la luz, ahora están hinchados por los besos, aun tiene un destello de plata
liquida en los ojos, que se intensifica cuando me mira de reojo; seguramente
los sabores de él y la bebida mezclados son algo glorioso que ninguna chica
debería perderse antes de morir, aunque no estoy dispuesta a dejar que ninguna
ponga una mano encima de él, mucho menos su lengua.
-Entonces,
será mejor que nos vallamos, mañana tenemos que estar de vuelta en la academia,
fue un gusto verte Garay – dijo Jethro extendiendo una mano enfrente de mí para
que la tomara.
Me
levante deslizando mis dedos en la suave superficie de su palma, nadie creería
que en realidad esa delicadeza puede levantar espadas de veinticinco kilos,
darle a una diana en movimiento a ochocientos metros con un arco, que puede levantar cuatrocientos kilos sin
sudar, nadie creería que debajo de esa piel esta el espíritu de un guerrero.
Entrelace
mis dedos con suyos disponiéndome a seguirlo, le di una inclinación de cabeza a
modo de despedida al primo de mi novio esperando que se quedara sentado en el
sitio que acabábamos de desocupar, pero se puso de pie y nos siguió, paso caminando
estrechamente a mi lado, nos detuvimos cerca de la puerta de salida, esperando
a que el atasco se disolviera, Jeto se distrajo discutiendo con un tipo que no
dejaba de mirarme las piernas, yo manejo que las chicas lo miren como un perro
callejero la vitrina de una carnicería gourmet pero él no lidia bien con los
celos, Garay se me acerco tanto que su aliento me hizo cosquillas en el oído.
- No lo
permitas, no creas, no le digas tus decisiones a Jethro, el no entenderá- acto
seguido, se dio media vuelta y se perdió entre la multitud, entre los gentry
existen demasiados rubios platinados, en
esta fiesta vi por lo menos dos docenas de cabezas de cabello de ese color así
que no me moleste en tratar de identificarlo.
Lo que
me dijo no tenía sentido, y la verdad hubiera ignorado por completo a ese loco
muchacho de no ser por el tono en el que me lo dijo, uno que usas cuando sabes
lo que dices, y eso era aterrador.
El
viento fresco de las calles de Nueva York nos golpeó el rostro, la verdad
después de ese breve encuentro la brisa en realidad me ayudaba, sobre todo
porque arrastra consigo ese asqueroso aroma que tienen todas las ciudades
humanas; lo digo sin culpa, he vivido
rodeada de bosques y su olor, no me
puedo acostumbrar a esto, es asfixiante y deprimente, no sé como hacen los
humanos para vivir en sitios como estos.
Ya que
estábamos en una ciudad, nos dirigimos a un hotel, pedimos habitaciones
distintas y en pisos diferentes por aquello de evitar la tentación, aunque para
ser sincera ni un continente podría detenerme, en fin, como dice la regla,
cuando deba ser... será.
La
noche fue lenta, demasiado, no sé el significado de lo que me quiso decir el
primo Garay, revolví mi cerebro intentando descifrarlo, ¿qué no debía permitir
y qué no creer?, nunca le he guardado secretos a Jeto, el es una de las pocas
personas que siempre me han entendido, jamás cuestiona mis decisiones aun
cuando no las entienda.
La
academia siguió normalmente, las misiones lentas desde que no he tenido
problemas, no más ataques, no más líos ni intentos de secuestro, nada de nada,
las cosas regresaron a la normalidad haciéndose monótonas. Garay no salió de mi
mente, aunque decidí dejar de intentar darle sentido a sus palabras. De Maniac
tampoco supe nada, ni de su contraparte Byron, el cual aparentemente solo vino
a advertirme y desapareció, lo cual la verdad no me molesta dado que el me da
terror, puedo manejar la corrupción, la depravación y la maldad, pero no la
pureza y la bondad con la que el ángel me ve, como si fuera digna o buena.
Era de
mañana, México, me enviaron junto con Rob de nuevo, se tenían avistamientos de
una empusa, de la especie que se alimenta de las emociones negativas de los
seres humanos, por ahí también se había visto una pontianak, que también se
alimenta de emociones humanas, por si solas ambas especies no representan
peligro alguno, pero son muy territoriales, se ponen igual que demonios de
Tasmania si se cruzan matando a todo a su paso, y es por eso que se debe evitar
que esas dos estirpes se vean de frente. Nuestro plan consistía en dividirnos y
pedirles que se retiraran unos veinte kilómetros de la zona de alimentación,
argumentando que su constante presencia podría causar depresión en los
pobladores, las normas nos exigen a todos ver siempre por el bien mayor de los
humanos, ellos particularmente
accederían de inmediato, esas dos familias son mansas y de hecho ayudan
bastante a los humanos.
Eran
cerca de la cinco treinta de la mañana y yo aun no podía dar con ninguno de los
dos, ni empusa, ni pontianak, revise la hiedra en cuanto me levante, no había
noticias de Rob, lo que significaba que tampoco había podido localizar a alguno
de nuestros objetivos. Se nos terminaba el tiempo, y si sucedía que no
pudiéramos encontrarlos y solucionar el problema, simplemente notificaríamos al
llegar a la academia para que algún rastreador los hallara y solucionaran el
conflicto, mi última esperanza era ir a rondar un cementerio que quedaba del
lado que acorde con Rob seria mío, saque el ultimo billete de veinte pesos y me
monte en un microbús, estábamos las quince personas apretadas las unas contra
las otras, en el asiento de la ventanilla del fondo a la izquierda una muchacha
de cabello largo y ondulado veía por la ventana, el color negro azabache
brillaba con los primeros rayos del sol que entraban cortando la neblina
matutina resaltando el verde inusual de sus ojos, de lado opuesto una mujer de
unos cuarenta y pocos me dirigió una
radiante sonrisa, mientras forcejeaba con el seguro de la ventana para abrirla,
el caballero fornido con una chaqueta de mezclilla y lana le ayudo a abrirla,
una helada briza entro por la ventana alborotando los mechones de cabello que
se le salían del peinado restirado, un aroma a flores y luego a carne podrida
floto en el aire; mis ojos se abrieron como platos por el reconocimiento,
ambas, empusa en la ventanilla y pontianak junto a la puerta con la ventana
abierta, estaban en un espacio reducido, rodeadas de humanos.
No pude
hacer algo, todo paso demasiado rápido, el glamour que usaban ambas era tan
fuerte y bueno que me percate de que existía solo cuando ambas lo dejaron caer,
abalanzándose la una sobre la otra, mostrando las características que les son
propias, la Pontianak saco las afiladas garras y las blandió a lo largo y ancho
del reducido espacio mientras intentaba eviscerar a su contrincante, como
resultado diversas manchas de sangre brotaron como aspersores, muchas arterias
fueron cortadas, al menos tres personas fueron degolladas, obviamente el
conductor se asusto perdiendo el control del microbús que fue a dar contra un
poste de alumbrado público, los chillidos y aullidos eran ensordecedores, el
hechizo al que en la escuela cariñosamente le llamamos “perro” se activo envolviéndome en una
burbuja flexible y opaca, consiste en
una protección primaria contra amenazas mágicas y naturales, siendo objetiva creo que a alguien se le paso
el hecho de que estamos más expuestos a intentos humanos de homicidio, salimos
ilesos de choques, enfrentamientos brutales entre estirpes e inundaciones pero una
pinche bolsa de plástico casi me mata... por Hécate, supongo que el “perro”
se invento antes del plástico, cuando era más fácil morir en un incendio por la
erupción de un volcán que por un puro armado con los empaques del súper.
Cuando
la burbuja personal reventó estaba casi cubierta de sangre, el piso del
vehículo estaba encharcado, ambas criaturas quedaron cerca de la puerta,
Pontianak ya estaba muerta, por su aspecto libido no quedaba una gota de sangre
en su cuerpo, tenía varios y muy profundos desgarres en la garganta, la
carótida y la arteria axilar; los humanos estaban todos arrinconados en la
esquina opuesta , sus caras eran de puro pavor , también estaban cubiertos de
sangre, creo que trataron de escapar por la ventana, el conductor se desmallo por
el golpe que se había dado en el volante, Empusa seguía viva, hacia sonidos de
chapoteo ahogándose con su sangre, tenía todos los órganos expuestos por la
enorme rajada que dividía en dos su torso empapando de sangre el bonito suéter
de estambre amarillo canario, al menos creo que ese era el color original,
ahora era escarlata, me hinque junto a ella, clavo sus ojos en mí, pero lo que
vi en ellos no era odio ni desprecio, no me miraba como si hubiera fallado, yo
soy la protectora de la paz, el amor y la armonía la guardiana de la vida, yo
soy... no sus ojos no me veían como si
hubiese fallado en el único trabajo que tenia, para el que fui creada, para el que nací, no, sus ojos me veían con
una expresión de vergüenza, de disculpa que me daba y recibía, me apretó la
mano y lo único que pude hacer fue devolverle el apretó y acariciar su pelo,
sus ojos se quedaron fijos en el vacío y la luz se apago en ellos.
Me deje
caer de sentón en el piso del auto, escuche el ruido de la tela al hacer
contacto con la sangre, no soy llorica pero no pude evitar que las lagrimas
corrieran por mi mejilla, odio ser incompetente, odio fallar y lo había hecho y
eso costó la vida de doce humanos y dos antiguos que jamás volverían con su
familia, y el odio el rencor la tristeza y la desesperación crecerían esta
noche en el mundo porque yo falle, llore en silencio un rato, el sol se
elevaría pronto y tenía un trabajo que hacer, al menos esto tendría que hacerlo
bien.
Salí de
la combi poniendo un glamur para que
pareciera un vehículo abandonado y no se vieran los gruesos borbotones que
teñían las ventanas de sangre y me acerque a una malla ciclónica que estaba
cubierta de hiedra, la puse frente a mi boca y le susurre las malas nuevas, las
letras aparecieron en la hoja terminada en picos tan característica de las
hiedras, esta reacciono y creció, me quede a esperar que apareciera la
respuesta en otra hoja. Un minuto después apareció el letrero en un brote
cercano al que le había hablado con un sencillo “Ya vamos”.
El
equipo de limpieza y control de daños apareció, acomodaron los cuerpos, sacaron
al chofer y le borraron la memoria y lo pusieron en una posición específica, la
combi fue arrojada por un barranco cercano, el camino era cuesta abajo en
curva; le prendieron fuego y al hacer contacto con la ladera estallo en llamas.
La historia oficial seria que el transporte se quedo sin frenos en la curva, el
conductor salió disparado cuando su puerta se abrió por el impacto, tendría un
trauma que le impediría recordar lo que paso.
Todo
fue limpio y profesional, sin expresiones de asco o miedo, los rostros no
expresaban emoción alguna, Anali me
revisaba – No es mía- murmuraba mientras los profesores y la enfermera me
exploraban en el sitio – no es mía - insistí, cuando la enfermera me auscultaba
buscando la fuente de la sangre no lo resistí mas.
-NO ES
MIA, NO ES MI SANGRE, ES DE ELLO, ES DE ELLOS- grite fuera de mi.
Errar
es humano, he escuchado eso tantas veces, pero ¿Qué pasa
cuando no eres humano? No podemos equivocarnos, no podemos distraernos,
un error cuesta vidas, aquí fueron catorce, pero no serian las únicas, esa
chica que se suicidara en un mes también será mi culpa porque no pude salvar a
la empusa que se alimentaria de su tristeza y los niños que no nazcan por su
muerte también, ese niño que morirá porque su padre no llego a casa para donar
medula espinal cuando descubran que tiene leucemia, y el preso que será
asesinado en dos semanas porque Pontianak no llego a consumir la ira... y
tantos más, Dios tantos otros más...
Llegue
a la academia en pleno silencio, programe mi reproductor de mp3 para que tocara
solo “Los cinco secretos” de Bethoven
una y otra vez al más alto volumen, me gusta la versión de “The piano Guys”. Creo que sentían repulsión
por mi porque nadie se me acerco ni
intento hablarme, lo agradezco, me encerré en mi cuarto por el resto de la
mañana, al medio día salí de la academia, necesitaba sacar todo lo que se me
estaba atascando en la garganta y en el espíritu, solo había un sitio al que
podía ir a hacerlo sin que me cuestionaran o intentaran detenerme, la arena de
los locos, me lleve mi música.
La
arena de los locos queda cinco kilómetros más allá de la EMD, es el sitio donde
vamos a practicar los que somos senior en artes de pelea, le llaman así
porque los que vamos no usamos ningún tipo de protección o arma mágica y no
obedecemos reglas, no es que a mí se me dé bien de todas formas, se pueden usar
como arenas de competición o simplemente para comparar calidades y aptitudes. Y
en mi caso, para evitar el homicidio y la tortura de gente inocente. Se nos
proporcionan sombras elementales de la mejor calidad a fin de recibir nuestros
mejores golpes mágicos y físicos, los asistentes que trabajan en la arena de
los locos ganan muy bien porque son excelentes creando las sombras, vencer una
sombra elemental es una proeza lograda pocas veces, en la sala de armas existe
una pared en la que se cuelgan los retratos de los que han logrado vencer más
de una sombra al tiempo, hasta ahora tengo el record con 72 de los cinco
elementos en un solo día y un solo asalto, aunque hoy parece ser uno de esos
días en los que los asistentes tendrán que correr por refuerzos porque estoy
como agua para chocolate.
En
cuanto entre los asistentes me reconocieron, no dudo que la hiedra haya
extendido la noticia, todos la usamos como los humanos usan el facebook,
msm o el wass up, entre en el pasillo que
conduce a la sala de armas, tome mis favoritas
la cimitarra y hacha egipcia de doble filo, la ballesta y los sai,
tengo mis propias armas, pero no me gusta usarlas aquí.
Traje
mi cinturón de casa, perfectamente caben todas las armas, el tío Tehuti lo mando
hacer para mi junto con unos hermosos sai
cuya punta central termina en un rombo y las laterales se curvan hacia
fuera con mango de plata decorados con unas tiras enrolladas en espiral de piel
de dragón (aclaro que nadie lo mato)para evitar que se resbalen de mis manos ,
la ballesta me la regalo mi abuelo, que a su vez fue un obsequio de Cernos, me
gusta más que el arco y flecha, aunque soy tan buena como Jeto, la ballesta te
deja una mano libre para manejar otra arma y la mía en particular está encantada
para no requerir que se recargue y funciona con flechas de cualquier material
incluso hielo, y se cierra lo que la
hace mas portátil, es de madera de cedro y tiene tallados motivos celtas (como
es obvio), mi cimitarra y hacha de doble filo están hechas de hierro frio y las
navajas tienen baño de plata, mi mamá, SÍ MI MAMÁ, me las obsequio, las mando
hacer con los dvergr, son unas piezas de autentica artesanía,
aunque por razones que desconozco el director Krumm no me deja tenerlas en mi
posesión todo el tiempo. Cuando le pregunte no me contesto y me fui muy enojada
cuando no paro de carcajearse de mí. Sí, mis armas son una chulada y por eso no
las traigo aquí, la arena de los locos es el sitio donde no tengo que
contenerme y no quisiera romperlas o perderlas en un descuido, además le
quitaría diversión a las cosas.
Me puse
mi viejo traje de la escuela de deportes, consistente en un top que es un
rectangulo de tela de lino que se sujeta con dos grandes tiras en forma de
equis en mi espalda, acomode los tirantes sobre mis hombros y los enderece en
la espalda a la altura del esternón, en
realidad solo cubre y sostienen mis pechos, para mayor facilidad de movimiento,
me puse los pescadores de algodón, las
sandalias de papiro se usan solo cuando es invierno para evitar resbalar.
Coloque mis armas elegidas en mi cinturón y salí a la arena, a esta hora de la
tarde los cuerdos se han ido a comer o vivir y el sitio está casi vacío con
solo los más orates que aguantamos el rayo del sol a todo lo que da, la verdad
estoy tan enardecida que me importa una pura y dos con sal si amanezco mañana
como una ámpula con ojos, programe la lista de reproducción aleatoria que llame
simplemente “crisis” comenzó con la versión de Sweet Dreams de Emily
Browning.
Ya en
la arena los ocho chicos que quedaban subieron a las gradas y yo levante la
mano con el pulgar y el meñique estirados,
la seña a los asistentes para que convocaran sombras.
-¿Nivel?-
grito uno de los asistentes desde debajo de una sombrilla blanca donde había
otros tres como él.
-Máximo
–gruñí yo – y echa todos los elementos, pero hazlos bien, no me la pongas
fácil.
Vi de
reojo como abría los ojos y elevaba las cejas sorprendido y luego uno de sus
compañeros se acerco y le murmuro algo en el oído a lo que el frunció el seño y
asintió, acto seguido, una mole de trescientos kilos de granito se me venía
encima blandiendo un mazo con todo el poder y la velocidad de la que se es
capaz en esta dimensión, sonreí.
¡¡¡Ah
sí!!! , aquí no me tengo que contener- suspire aliviada.
Levante
la cimitarra y me lance sobre la sombra, una mano acuosa me tapo la boca y la
nariz evitándome la respiración, di un codazo a la sombra de agua y me deje
caer por completo de espaldas, abriendo las piernas para evitar que la cosa de
piedra me las moliera con su mazo, una ráfaga de viento me forzó a dar una
vuelta en el suelo y raspo la piel de mis brazos cuando me arrastro, me
estrelle contra uno de los muros sacando todo el aire de mis pulmones, pero me
recupere rápido, me puse de cuclillas analizando la situación, solo tres, puedo
con solo tres, además los más duros son los elementales de la quinta esencia.
Bien
hay una abertura entre la sombra de agua y las de aire y piedra que se
separaron, me levante y corrí haciendo uso de mis habilidades heredadas de mi
madre, tal vez no pueda transformarme pero sí que corro, me barrí en la tierra
con la pierna derecha flexionada hacia adelante levantando toda la tierra que
pude en ese movimiento y echándosela encima al cuerpo de agua que al hacerse
pesado con la tierra volviéndose lodo espeso se desintegro esparciendo una
pequeña lluvia en la tierra circundante, uno de los asistentes chasqueo la
lengua y dio un golpe en el piso –toma eso pequeñito- sonreí.
De la
pared posterior de la arena, donde siempre se mantiene una hoguera de buen
tamaño surgieron dos sombras de fuego – maldición – mire a la mancha fresca de
lodo ceca de mi justo a tiempo para ver la mole de piedra que blandía su arma
directo a mi cabeza, me incline al otro lado y tuve que agacharme cuando una
bola de fuego voló de frente a mi cara, estrellándose en el vientre del gigante
de piedra, una mancha naranja luminosa se formo donde esta se había estrellado
– eso es nuevo , lo bueno de la arena de los locos es que siempre cambian las
sombras y tienen propiedades diferentes, de hecho el jueguecito con la tierra y
la sombra de agua me salió de pura suerte, esperaba ralentizarla no destruirla
– atraje a las dos sombras de fuego, lucían como visiones infernales, pero me
servirían, sonreí para mis adentros -¿qué clase de novatos están como
asistentes hoy? Fuego y aire... – logre
colocar a las sombras de fuego debajo de la de tierra, la roca comenzó a
calentarse pero no lo suficiente, a la sombra de aire no sabía cómo atraerla,
esta era nueva, no podía atravesarla puesto que solo era un torso humanoide con
la parte inferior como un mini tornado, me mantuve danzando alrededor de las
sombras de fuego evitando que se alejaran de la mole de roca, silbé, y sí, eso
llamo la atención de la criatura de viento que se precipito a lanzar una enorme
corriente de viento que evadí tirándome de nuevo al suelo, la corriente pego de
frente en las criaturas llenándolas de oxigeno que hizo combustión en una
llamarada blanca que fundió la roca convirtiéndola en un enorme charco de lava
ardiente aplastando a las criaturas de fuego con eso.
-Dije
que me lo pusieran difícil – grite a los asistentes – no me traten como a su
abuelita.
-Vas
cuatro a dos.
-¿¡¡QUÉ!!?
-Tus
codos sangran – respondió el chico que había creado la sombra de agua.
Chinga,
era cierto, esa cosa de aire me estaba empezando a enfadar – lo cual desde
luego era lo mejor de todo, no vine aquí a hacer musculo, de esos tengo
suficientes – conté siete sombras de agua que aparecieron del pequeño estanque,
estas se veían más... intimidantes que la otra, parecían rinocerontes de tres
cuernos y del otro lado la mancha de lava burbujeaba –espera ¿qué? – la lava se
levanto en una criatura semejante a un enoooorme león con unos dientes que
disuadirían a cualquiera de acercarse.
-Eso
está mucho mejor – sonreí a los asistentes que se notaban orgullosos de sus
creaciones – vamos a ver si como roncan duermen.
Tome mi
hacha egipcia, un largo bastón que en el extremo superior tiene una navaja
curva de hacha con dos agujeros para asirla en ella y en la parte inferior
también tiene una navaja curva con forma de abanico igual a la superior solo
que apuntando hacia abajo, me gusta mucho esta arma porque requiere
coordinación y atención, de lo contrario puedes cortarte tu mismo, así me mantengo
concentrada en cortar a mi atacante y no me dejo llevar por las emociones
negativas que tienden a invadirme como parte de mi naturaleza.
Airecito
no se inmutaba ante mis ataques, pero sí que pegaba duro el muy hijo de perra,
lo más interesante fue cuando se coloco detrás de un rinoceronte de agua - ¿lo
está sodomizando?-.
-¡¡Hey!! chavos, sus sombras se están poniendo
cachondas – grite riéndome, lo cual paso rápido cuando note que airecito no
estaba entablando una apasionada relación amorosa de zoofilia, el rinoceronte
de agua se hizo de hielo - interesante
giro de los acontecimientos – reconocí – admiro su creatividad.
Lo que
no admire fue la envestida que me dio el bloque de hielo, creo que oí un
crujido, asumí que eran mis costillas, ahora que si no me puedo parar, entonces
fue mi columna, el lado bueno de esto es
que el golpe desinflama.
Caí
expulsando el poco aire que tenía en un silbidito bajo, me puse a cuatro patas
tratando de recuperar el aire cuando la masa de lava me tomo del cuello levantándome
en el aire, -trampa- pensé ya que los leones no tienen manos, mi piel ardía en
donde me tocaba, y no era el ardor
bonito que me embarga cuando Jeto me toca, este estaba sacándome ampollas en la
piel que comenzaba a oler a barbacoa, no sé que es más perturbador el hecho de
que mi piel se quemaba o que oliera tan bien, creo que tengo hambre...
Cerré
los ojos, me ayuda a concentrarme en el problema en concreto – y pensar que yo
misma me metí en esto, que no es sino resultado de mi impertinente lengua –
-¿Por
qué el espíritu blanco no me bendijo con un filtro entre el cerebro y la
lengua?- murmure sacando la cimitarra de mi cinturón.
Un
golpe firme cortó el brazo de la criatura, pero no me libero de su agarre, a
decir verdad creo que se apretó, caí al suelo de rodillas ya sofocada, al
separarse la maldita cosa se solidifico alrededor de mi cuello, me veía como un
mutante con un brazo gigantesco en mi cuello, creo que me puse morada, pero yo
no pierdo, a mí nadie me gana y menos un montón de piedra, así que hice lo
único que se me ocurrió en el momento, hundí la roca en la criatura de lava, la
roca se calentó rápidamente, la piedra escurrió por mi cuerpo chamuscando piel
por donde pasaba, cuando me libere salí antes de que me pudiera volver a
pescarme, la piel ardía insoportablemente al contacto con el aire frio, mamá
siempre me dijo que cuando me quemara pusiera la zona afectada en agua fría, y
viendo que me atacaban varias criaturas de eso... con la hoja inferior del
hacha egipcia que por fin logre encontrar rebane uno de los cuernos de la
sombra de hielo y lo arroje dentro de otra sombra de agua y luego me metí de
cabeza hasta los hombros, el alivio fue inmediato y maravilloso.
Me
estaba cansando rápidamente, y eso que ni siquiera había comenzado con las
cosas difíciles en esta arena, pero cada vez que se me cruzaba la idea de
rendirme recordaba la visión de esos que eran cadáveres por mi causa, por mi
culpa, por mi falla, por mi... por mi.
Me
perdí en el calor de la batalla, me gusta la sensación, parte de mi es un
demonio natural y parte uno infernal, parte de mi es un lobo y parte un
vampiro, soy una cruzada, mi sangre canta en la batalla, la violencia me
reconforta y vivifica, las armas en mis manos se vuelven parte de mi, como
extensiones naturales de mi cuerpo, cada movimiento del que soy capaz es
natural y no me cuesta trabajo alguno, los cruzados somos guardianes de la paz,
pero fui diseñada para la batalla, la verdad es que muy a menudo me pregunto en
que estaba pensando el espíritu blanco cundo me creó, tal vez se distrajo.
El
último objetivo era una sombra de tierra, salte por encima del cuerpo de hielo que se derretía, mis dos
pies dieron duro contra el pecho de tierra arrojándolo por el piso unos cinco
metros, salte sobre él cayendo de rodillas en su pecho de nuevo, use el hacha
para cercenar la cabeza de la sombra y la empuje lejos del cuerpo decapitado
que se convirtió rápidamente en un montículo de tierra.
Me
levante del piso, un mechón sudoroso se me pegaba a la frente, lo retire con el
dorso de la mano, embarrándome la cara de lodo y sangre tibia y pegajosa, la
respiración no se me normalizaba, pero ahora sabía que era capaz, que una falla
no me había convertido en un guiñapo.
El sol
estaba rojo en el horizonte, la luz cambiaba de blanco a tonos rojizos y
dorados, la luna se veía ya luchando por conseguir brillar en un cielo todavía
dominado por el sol, al girar para dirigirme a los vestidores de la arena pude
ver en las gradas a siete asistentes, todos rojos, sudorosos y con miradas que
oscilaban entre el asombro y el terror absoluto.
-
¿Marcador? – grite en dirección a los empleados.
- Veinte a tres – respondió el que se sobrepuso
más rápido
- Tan
poco – exclame decepcionada.
- Lo
que él quiso decir – interrumpió la chica de bonito cabello rubio a su lado –
es que veinte de diez a tres – tartamudeo ¿asustada?
Le eche
un vistazo a la arena, según el marcador yo acabe con doscientas sombras
elementales, incluyendo de la quinta esencia recibiendo solo tres heridas que
sangraron... los huesos rotos y los derrames internos o concusiones no cuentan
a menos que sean notorias, como dije el nombre del sitio es la “arena de los
locos”.
La
arena de los locos estaba llena de montículos de rocas, lodo, tierra y arena,
algunos árboles estaban por ahí tirados, varias manchas negras donde el fuego
toco estaban dispersas por todo el sitio, incluso había un par de manchas de
vidrio donde el calor transformo la arena, el estanque estaba casi seco, se
llenaba por un arroyo subterráneo así que no me preocupe, varias lanzas de
hielo se derretían de donde habían quedado incrustadas en la madera de las
gradas, una nueva formación rocosa se levantaba en medio de la arena, piedra
volcánica.
Me
encogí de hombros, nada que no pueda ser reparado.
Cuando
llegue a la academia todo el mundo estaba ya en sus habitaciones, así que nadie
noto el estado lamentable en el que llegue, las únicas heridas que sangraban
estaban en mis codos, rodillas y un largo corte en el lado derecho de mi cara,
tenía varios cientos de ampollas y quemaduras de tercer grado en cuello,
hombros brazos y la pantorrilla de lado izquierdo, el muy cerdo me mordió de
ahí cuando intente patearlo. Me costaba trabajo respirar así que supuse que me
rompí una o dos costillas, tenia ambos ojos morados y varias marcas de agarre
en mi cuello, creo que uno de los asistentes tiene una parafilia con la
asfixia. Mi cabello se chamusco un poco en las puntas así que supongo tendré
que recortarlo un poco, y estoy muy pero que muy segura que mi dedo índice no
debería estar en esa posición.
Mi
amado top tenía manchas de sangre y lodo secas, mi pescador un desgarre que
sería difícil de coser aun con las habilidades de un sastre. En resumen me fue
bastante bien y me sentía mejor, eso fue al menos hasta que llegue a mi
habitación.
Cuando
abrí la puerta, Jethro estaba sentado en mi cama mirando hacia los bosques que
rodean la academia, creo que es posible escurrirme, la luz está apagada así que
si no hago ruido quizá llegue al baño y pueda usar un glamour para disimular... putas bisagras.
La
puerta conspiro en mi contra rechinando para demostrarme que su poder está por
encima del mío, Jeto giro la cabeza y clavo su hermosa mirada en mi.
- ¿Qué
demonios... ? – exclamo cuando me vio.
-Em,
este, yo pues... hola – le dedique mi sonrisa más encantadora, lo cual
normalmente funcionaba si no tenia los dientes cubiertos de sangre.
- No
puedes seguir haciendo esto – me reprendió acercándose a mi – ya no puedes
Sara.
Me
molesto su reacción – Me conociste así, esto es lo que hago Jethro – la furia
que había salido de mi comenzaba a escurrirse bajo mi piel a un ritmo
peligroso.
- No –
gruño – eso no es verdad, esto ha ido empeorando desde que tu familia... –no termino, no hacía falta.
- Esto
me ayuda - me defendí – las cosas que siento no las puedo explicar, no tienen
nombre, tal vez por eso los cruzados completos son tan poco comunes, mi
naturaleza ya me exige la batalla, en mi predominan las estirpes oscuras, tengo
sangre de kobold negro, mi padre era un nocturno y mi madre una lobo de primer
jaez- exclame desesperada – y súmale a eso la sangre humana, ¿es que no
entiendes? Las sangres dominantes en mi son las oscuras, y la humana en mi
interior exacerba la violencia, me pide sangre y venganza, me pide guerra,
grita el deseo de destrucción –dije esto último en un grito.
Jethro
cerró la distancia entre nosotros, levanto mi barbilla con la punta de sus
dedos para que lo mirara a los ojos, tenía lágrimas luchando por salir de sus
ojos, él las retenía por mi bien – Es tan fácil amarte Sara Cuatlatoatzin y tan
difícil al mismo tiempo – cerro los ojos con una expresión de desesperación.
No
entendí a que se refería, no puede ser fácil amarme, es decir soy lo que mamá
llamaba “canela fina” mal educada, sin modales, grosera, revoltosa,
desobediente, agresiva, malvada, calculadora, demasiado pragmática al punto de
elegir mal por ser más conveniente, altanera, aprovechada y mentirosa, es
probable que ya tenga una silla en el infierno reservada con mi nombre o que ni
el mismo demonio me quiera cerca cuando muera, probablemente seré un alma en
pena por toda la eternidad.
- Uno a
penas comienza a conocerte cuando cae rendido a ti, no se necesitan ni diez
minutos contigo para adorarte, tan dulce, inteligente, tan buena, siempre
preocupándote por los demás, poniendo su bienestar por encima del tuyo,
haciendo siempre lo correcto y tan adorablemente necia- beso la zona de mi
frente que no presentaba lesión alguna.
- No
soy necia – me revolví en sus brazos – soy consecuente con mis ideas – declaré
solemnemente enterrando mi cabeza en los músculos que tenia a la mano.
Sentí
la vibración de la risa en su pecho, un sonido difícil de sacar de alguien
cuando su novia es una psicópata, es un sonido maravilloso, profundo, varonil y
al mismo tiempo suave y musical, sensual hasta el infierno y de regreso.
- Vamos
date un baño- soltó su agarre sobre mi dándome un empujoncito en dirección al
baño– yo espero a que estés de vuelta para repararte.
Cuando
entre al baño no pude contener mi emoción, en el sitio donde antes estaba la
regadera ahora había una hermosa y gigantesca tina blanca con patas cuya forma
era de garras. Salí gritando y dando saltitos de emoción, cogí el cuello del
chaleco de Jeto y lo jale para acercar su boca, dándole una suave mordida a su
labio inferior, obteniendo como recompensa un gruñido bajo que reverbero en
ambos, abrió su boca permitiéndome la entrada que de buena gana utilice, sus
manos se deslizaron de mi espalda a mis caderas donde trazaron pequeños
círculos enviando descargas de emoción por todo mi ser, mi mano derecha se
deslizo en su suave cabello y soltó la liga negra que lo sostenía, la otra
permanecía en su hombro.
- Te
amo – le susurre en los labios y sonrío.
-También
te amo – respondió en un suspiro – no sabes cuánto.
Puso
sus manos en mi trasero y me levanto, le rodee la cintura con mis piernas, me
puso un brazo en la espalda apretándome contra su pecho y me abrace a su
cuello, separo sus labios de los míos dándome pequeños y suaves besos en la
línea de mi mandíbula hasta detrás de mi oreja, la intensidad subió lentamente
y la electricidad alrededor nuestro podría haber encendido una ciudad entera.
Súbitamente se separo de mí y me bajo al piso.
-¡Wahoau!
– tomó una respiración profunda – mejor te vas a dar ese baño y... – suspiro –
me temo que hare lo mismo, mejor enviarte a Cy para curarte.
Exprese
mi inconformidad y decepción cruzándome de brazos y haciendo un puchero, gesto
que me gano una risa pequeña y sincera.
Su
cabello rojizo caía suavemente por sus hombros, y las manos me picaban para
acercarme de nuevo a él, me mordí el labio para contenerme, cosa que no
funciono porque de pronto de nuevo tenía sus labios sobre los míos, el deseo
que tardo un minuto en apagarse tomo un milisegundo en regresar y con la
intensidad al doble, el aire su puso caliente y la energía crujió fuerte a
nuestro alrededor.
- Sera
mejor que me valla – dio una bocanada de aire – ahora mismo – reitero cuando
noto que estaba a punto de rebatir su punto – no hables, sé que serias capaz de
convencerme y eso no es... ya me voy, ya
me voy, ya me voy.
Salió
precipitadamente de la recamara y yo me encamine al baño con una sonrisita
tonta en mis labios y un calor increíble en partes de mi anatomía que no sabía
que podían tener esas temperaturas.
En el
mueblecito del baño tengo una botella de un mejunje especial, parece una
botella de burbujas de baño, tiene un olor a romero y cedro, vertí una pequeña
cantidad en mi flamante tina nueva, normalmente, la unto en mi cuerpo durante
la ducha, pero ahora podía sumergirme en
ella. Me desnude, analizando mi cuerpo, se veía como siempre, delgado, moreno,
con el uno por ciento de grasa, pechos un poco grandes para mi talla, caderas
amplias, herencias de mi madre, piernas largas esculpidas y musculosas herencia
de mi padre igual que los colmillos más largos de lo normal, tengo varios
moretones a lo largo de toda la piel, en la parte exterior de mi muslo derecho
tengo una marca de nacimiento con la forma de un murciélago con las alas
extendidas que ahora estaba parcialmente cubierto por un morado. Me solté el
cabello que me da a media espalda y masajee mi cuero cabelludo antes de entrar
en el agua caliente. La piel me escoció, en primer lugar por la temperatura del
agua y en segundo por la poción mezclada en ella, sabía que dentro de uno par
de minutos el ardor seria casi insoportable antes de que los moretones
comiencen a desvanecerse.
Escuche
cuando Cyrus entro por la puerta, asomo su cabeza por la puerta –Sara, Jeto me
dijo que quizá podrías necesitar un par de...
arreglos.
- Ya
voy – sonreí antes de sumergir mi cabeza en el agua, el ardor casi desapareció
de todo mi cuerpo dejando la piel bronceada en lugar de las manchas de colores
oscuros de antes. Enjuague mi cabello y salí de la tina secándome el agua, me
puse la ropa interior antes de salir con la toalla enredada en mi cabello.
Cyrus
parecía una enfermera, con su botiquín de primeros auxilios en la mano y su
cara profesional que decía
–sé-lo-que-hago-. Me acerque a ella modelando mis nuevas adquisiciones,
consiguiendo con eso que mi amiga negara con la cabeza, una expresión de dolor
cruzo su bello rostro.
-
Siéntate y no te muevas – hice lo que me ordeno, solo porque no veía el caso de
armar un borlote por sentarme en una silla.
De
inmediato se puso a trabajar, usando sus manos y poderes para enderezar lo que
estaba chueco y detectar los daños internos que no eran visibles. Mis
raspaduras y cortadas estaban de un color rosado después de salir de la bañera
cuya agua termino como una fea mezcla de lodo y sangre, afortunadamente, la
inmortal es una maniática del orden y la limpieza, así que fue ella la que se
encargo de limpiar todo lo que era un desastre.
Dormí
como un bebé, Cy es muy talentosa con la curación, así que todas las partes de
mi cuerpo estaban en el sitio correcto y giraban y se detenían en donde deben.
Me bañe, examine mi cuerpo para ver las marcas, no había casi ninguna, la piel
se veía nueva y suave como la de un recién nacido, solamente me quedaba el
hermoso y florido morado en mi mejilla izquierda, como una mancha de sombra de
ojos en ella. No la cubrí, salí de mi habitación con un hambre de perros, baje
las escaleras al sexto piso y ahí fue donde
todo
se volvió muy surrealista.
Alumnos e incluso algunos maestros,
como Cornel, me felicitaban y aplaudían en mi camino haciéndome sentir como un
maldito héroe y no como la idiota que la había fastidiado en serio hace
veinticuatro horas. Mi entrada al comedor fue seguida de una ovación de pie del
cuerpo estudiantil, incluso Jeto se veía radiante, una expresión que no se
parecía en nada a la que había llevado ayer por la noche ni antes ni después de
mi exagerada muestra de gratitud por la bañera instalada.
Leroy tenía una de esas sonrisas tan
comunes en el que la partían el bello rostro a la mitad - sabia como se veían
Luc con esa misma expresión solo porque su rostro es el mismo que el de sus
hermanos, Jethro me sonreía así solo cuando estábamos a solas, a Le no le
faltaban pretextos para mostrarla a nadie – y agitaba sus maños unidas en puños
de un lado a otro, Robert aullaba
abiertamente como todos los lobos, los cambiaformas hacían los sonidos
respectivos de sus contrapartes animales sonando como una grabación de los
sonidos de fauna salvaje o de una noche en un muy bien surtido zoológico;
Matthew y el resto de los nocturnos golpeaban las charolas metálicas contra las
mesas en un ritmo que reconocíamos los nocturnos como festivo.
Me acerque a nuestra habitual mesa,
en medio de la cafetería de frente a los enormes ventanales que ya estaban
inundando de luz el lugar, algunos maestros acallaron el escándalo, me senté
mirando a la única persona que no celebraba y por lo tanto supuse que me
contestaría sin más ni más.
- ¿Qué cuernos pasa aquí Cy?
- Estos imbéciles creen que ir a la
arena de los locos a que casi te maten a golpes y regresaras casi arrastrándote
solo porque no puedes controlar tu ira, seguramente valoran más las marcas
personales que la vida de una cruzada y no cualquiera, sino la única completa
que ha pisado esta escuela en demasiado tiempo – respiraba dificultosamente,
sentí una punzada de dolor, al parecer Cy también simplemente se preocupaba por
mi por mi estatus – sin mencionar conjunto de idiotas que es mi mejor amiga,
prácticamente nuestra hermana – grito señalando a sus Luc, Rob, Matt y Le -
y tu novia o es que a caso... - ok, me
retracto, y si no la calmo la que acabaría muerta seria mi amiga debido a una aneurisma, bueno tal vez
no muerta pero seguro que no estaría feliz.
- No me paso nada – la interrumpí -
y no tengo problemas de manejo de la ira, de otro modo no podría aprobar el
curso, y te recuerdo que estamos en cuarto grado.
Ella le resto importancia con una
gesto de la mano – Como sea – se volvió a sentar, la vena que le saltaba en la
frente dejo de tratar de reventar – no es eso a lo que me refiero, lo sabes, me
preocupa que seas tú misma la que termine matándote en lugar de esos malvados
humanos puros, conoces las reglas del universos, no tenias por que
reaccionar de esa manera a la situación
de la buseta.
Me estremecí, repentinamente la
imagen terrible de la sangre y las viseras inundo mi mente – Tú no sabes, no
estuviste ahí – tuve que librar una batalla conmigo misma por no comenzar a
llorar como una niñita.
Jethro sintió el cambio de mi humor,
deslizo su brazo por mi cintura y encontró mi mano al otro lado entrelazando
sus dedos con los míos – El tiempo de todo es perfecto... – me murmuro, su tono
no era de reproche o de burla.
- Las cosas pasan cuando deben, no
antes no después – complete yo, era un ejercicio que habíamos desarrollado con
el tiempo, cuando algo me perturbaba demasiado él me hacía decir lo que
necesitaba oír.
- Sé lo difícil que debía ser Sara,
pero...
- NO, NO, no sabes – replique
comenzando a enfadarme.
- Bien, si no lo sé no tengo ni una
puta idea de lo que fue – órale, eso es nuevo, Cy decía tantas malas palabras
como la estatua de un queso – pero te conozco, lo suficiente para saber que te
culpas por ello y que intentas castigarte, sabes que no puedes morir porque
joderías soberanamente la voluntad del espíritu blanco sin mencionar que crees
que vives para cumplir con el trabajo que te fue encomendado por él, así que lo
mejor que puedes hacer es infligirte tanto dolor como puedas soportar y un poco
más para créditos extras.
Viéndolo bien, creo que si tengo
problemas para controlar la ira, la humana en mi levanto su fea y destructiva cabeza, de nuevo
buscaba sangre y destrucción, si no me iba de aquí comenzaría a armar una bulla
muy sangrienta, me levante respirando trabajosamente mientras aun podía.
Jethro se levanto detrás de mí, me
cogió por un brazo y en un solo movimiento me atrajo sus brazos y me apretó
contra él, descendió su boca a la mía, era un beso como todos los demás, cálido
y lleno de amor, “normal” tanto como puede ser el beso del hombre que sabes es
el amor de tu vida.
Algo cambio en su tacto, algo cálido
y distinto comenzó a construirse dentro de mí, no era lujuria ni pasión, esto
me hacía sentir como si me rompiera, pero no de mala manera, era como rasgar un
papel negro frente a una ventana y la luz comienza entrar por esa ranura,
inundándolo todo, me calmo, todo ese dolor y culpa, la sensación de deberle al
espíritu blanco tanto de lo que no era digna desapareció y en su lugar una
sensación de paz y tranquilidad se apodero de mi, repentinamente no quería más
violencia, no necesitaba lastimar mis cuerpo para dejar de sentir la culpa que
me consumía por mis fallas y mis malas decisiones, fue como una epifanía, como
si el universo entero me gritara... la
luz que al principio entraba a pequeños riachuelos fluyo intensa, el resto del tapiz negro sobre
mis ventanas quedo rasgado en el suelo y pronto ni siquiera supe que estaba
ahí, la sensación de ese beso no era física, Jeto había encontrado la manera de
llegar a mi alma, lo supe porque era ahí donde siempre tenía ese sentimiento de
vacío, de deuda y culpa, siempre sentí en mi alma que no merecía nada de lo que
tenia, ahí era donde ahora todo lo que podía sentir era amor, uno tan real,
intenso y grande que me abrumo, me corto el aire y me dejo sin palabras o
ideas, sentí una humedad en mis mejillas, estaba llorando, yo, la mejor
guerrera de Avalón, así proclamada ni más ni menos que en la arena de los
locos, estaba llorando porque mi novio me beso el alma, porque el universo
entero me grito a la cara que nada de lo que haga me hace menos digna de amor,
que es mi derecho natural y que no debo castigarme, que está bien no ser
perfecta.
Me separe de él, mi mirada debía
tener una expresión salvaje porque Jeto se veía algo alarmado, cuando el
contacto se rompió muchos de esos sentimientos volvieron, pero no la necesidad
de autoflagelación, estaba calmada como
cuando me levante esta mañana, pero aun así no podía evitar mi reacción ante lo
que acababa de suceder, porque el hecho es que no debía suceder, solo las
fuerzas espirituales como los ángeles o los demonios pueden llegar a las almas
de los seres que las poseen.
- Cómo – empecé lentamente – cuernos...
- Byron me enseño – me contesto el
rápidamente
- Hermano, ¡en serio! , espero que
no – se burlo Lucian y su hermano le dirigió una mirada inquisidora.
Me reí y me lance a los brazos del
inmortal quien me recibió de buena manera – Vamos a desayunar – le dije – pero
tendrás que explicarte.
Volvimos a sentarnos en la mesa,
como hoy era domingo, no teníamos clases por el día y habíamos planeado ir al
pueblo cercano a la academia, así que el desayuno fue realmente ligero, en mi
caso, café de olla y unos tres churros, la comida que venden en las tiendas de
las hadas es más que adictiva, sea dulce
o salada, una inspección a los mercadillos fuera de la escuela siempre significaba regresar a
tomar té de hinojo, árnica y cedrón que la chef de la escuela, Scarlett, nos
daba cuando teníamos dolores, mi madre me curaba solo con remedios de ese tipo
- los antiguos no nos llevamos bien con
las medicinas modernas, la mayoría somos alérgicos a los excipientes c.b.p. o
simplemente no nos hacen efecto, a pesar de ser productos sacados de la
naturaleza, supongo que tanta manipulación los hace inútiles para nosotros;
además personalmente soy alérgica a la penicilina y las sulfas – así que sé de
muchas plantas y para qué sirven. No hacia el té yo misma porque ella es muy,
muy, muy... muy territorial con su
cocina. Aunque considerando que la última vez que alguien entro, ese petulante
chef gringo, en ella todo voló porque el
hombre venia del lado humano y no tenía idea de nada.
Pero por el momento, como decía mi
padre, “Atásquense ahora que hay lodo”
Después del desayuno me di un baño
rápido, en Avalón las estaciones son siempre más notorias, aquí la vida se
marca, en temporada cálida hace calor en serio,
se nos pide como alumnos de la escuela que llevemos siempre el uniforme
o una de las camisetas que tenga el escudo a fin de identificarnos y según
dicen para saber a quienes hacer el reclamo y mandar las facturas de los daños,
puede que en Avalón la comida sea gratis lo único que verdaderamente se cobra
son los hechizos complicados y los materiales que innecesariamente se ven
afectados o debe conseguirse en el lado humano, ejemplo: cierto incidente
cuando tenía doce y alguien se tomo la libertad de sacarme de una tienda de
bizcochos donde pretendía comprar un obsequio por el cumpleaños de mi amiga
solo porque aun no estaba listo, diciendo que “las niñitas lindas eran
obedientes” y que esperara fuera para no obstaculizar el flujo de clientes, admito que sobre reaccione y no era
uno de mis mejores días en la escuela, pero bueno ese tipo pedía a gritos el
dolor, maldición me llamo niñita, así que hice lo único que podía hacer, lo
arroje por la ventana de la expendeduría junto con un montón de panes que de
todas maneras no se veían tan buenos, el costo por los paneles de madera y las
ventanas fueron cobrados así como la mano de obra que los reparo.
Entre en mi habitación envuelta en
una toalla gigante, me acerque al tapanco que hace las veces de cama y me puse
cepillar el pelo negro herencia de mi madre, me puse mi ropa interior la cual
me gusta muy al estilo de las abuelitas,
me coloque las calcetas y metí las piernas del pantalón de algodón
dentro de mis botas y luego me metí en ellos, me puse una camiseta que lleva el
escudo de la academia en la manga con el maldito lema bordado en la orilla con
deslumbrantes letras doradas.
Arregle mi cabello a la usanza usual
y me maquille lo mejor que pude, una vez estuve satisfecha con mi aspecto baje
las escaleras para encontrar a todos los chicos esperándome solamente a mí,
bueno supongo que me tome mi tiempo, pero la expresión de mi chico no tuvo
precio, normalmente solo uso algo de BB-Cream por aquello de la protección
solar, algo de rímel un poco de kajal y brillo labial, esta vez agregue polvo
facial, iluminador, rubor sombra de ojos de un color beige con destellos
dorados, delineador y cambie el usual
brillo de labios por un labial rojo quemado que hacia lucir a mis labios como
si estuviera cubierto por los pétalos de una rosa, este era nuevo.
Leroy aplaudió y silbo mientras me
acercaba, mis aretes de bolitas de vidrio destellaron a la luz del sol, los
cuatrillizos se pusieron pantalones de mezclilla y camisetas de algodón que se
amoldaban a sus cuerpos, se veían... uniformados, desde hoy me proclamo
adoratriz de dichos materiales, y es que los de los de Jethro enmarcaban
maravillosamente sus piernas musculosas y otras partes traseras de su anatomía que normalmente no me llaman
la atención pero que sin duda hoy se ven maravillosamente... quizá sus hermanos se veían igual de bien, pero
de verdad que conmigo aplica lo de “solo tengo ojos para ti”.
En cuanto a Rob y Matt optaron por
usar su uniforme sin chaleco y remplazaron las botas por chanclas de plástico,
al menos alguna de las prendas que llevábamos mostraba orgulloso el escudo
escolar y de nuevo ese estúpido lema.
Nos dirigimos al pueblo en el que el
mercado, para mi tianguis, ocupaba
prácticamente todas las calles, caminábamos por los adoquines, Cy estaba
demasiado cerca de Matt quien no parecía darse excesiva cuenta de sus intentos.
Jethro me tomo de la mano y entrelazo sus dedos con los míos, nos zambullimos
de lleno en el ambiente de la plaza, comimos, bebimos, cantamos, festejamos y
compramos lo que se compra en Avalón.
Cuando llegamos a un puesto que
vendía joyería mágica Cy y yo perdimos la cabeza, no porque nos guste la
joyería, pero sí que nos gustan los trucos de los que son capaces, en el puesto
estaba una chica de nuestra edad a la que nunca había visto antes, permanecía
alejada y con el ceño fruncido y una actitud defensiva; de mi estatura exacta,
con el cabello firmemente recogido en una trenza que se enredaba en su nuca, su
fleco era similar al mío, de color café oscuro pero tenía líneas de color
morado en el, ojos café que con la luz del sol arrojaban destellos del color de
la canela, un rostro redondeado y de hecho muy bonito, sus manos y muñecas eran
pequeñas, cualquier chico fácilmente podría cubrir su puño con la palma
extendida; a ojo de buen cubero pesaba unos 110 kilos más o menos, aunque
disimulaba bastante bien la barriga de debería tener por su postura derecha
como alfiler y la falda negra, blusa con manga de ollita y el chaleco con el
que vestía agregados a su actitud altiva y digamos un poco “sangrona”,
examinaba un anillo de platino que prometía crear una barrera emocional, en
seguida supe que se trataba de una empática, esa era la razón de su actitud,
probablemente era de esas que solamente pueden percibir las cosas malas que las
personas tan comúnmente sienten, esa clase tienden a vivir alejadas de los
demás. Por la forma en que se revolvía incomoda seguramente es una poderosa e
incluso puede ser que sea vidente, lo cual solo empeoraría su incapacidad para
relacionarse, pobre.
Bueno, quizá no tan pobre, desde que
Cy me dio un codazo muy disimuladamente para que volteara a ver a su hermano
Lucian quien la miraba absorto y perdido, un suave rubor color rosa se extendió
sobre la piel blanca y cremosa de su rostro, por ver esa misma reacción en su
hermano Jeto sabía bien lo que significaba...
- Luc esta jodido – canturreo alegre
Matt a lo bajo, Rob le dio lo que en México llamamos un sape particularmente
sonoro, Matt miro iracundo a su amigo y yo solté una carcajada.
- Salúdala – sugirió murmurante
Leroy – esta bonita, no la había visto antes, no lleva un distintivo de la
academia.
- Esta en la EMD – esa fue Lucian.
- ¿Cómo sabes? – le pregunte, el
rubor se intensifico en Lucian quien además se mordió el labio y negó con la
cabeza.
- Espera – exclamo Jeto – es ella
¿verdad?, la chica.
Luc no dijo nada, simplemente
asintió con la cabeza, de qué demonios estaba hablando.
- ¿Qué esperas? – exclamo mi amiga –
ve con ella, no creo que te batee... de nuevo... una tercera vez... así de
mal...
- Cyrus ¿te puedes callar? – espeto
irritado Luc.
- ¿De nuevo una tercera vez? – me
estaban confundiendo.
- A tratado de hablarle a esa chica desde
que entro en la pubertad, ella siempre encuentra una manera de ¿Cómo decirlo
sin que suene tan feo?
- No hay tal forma hermana – le
respondió Leroy sonriente.
- Ok, encuentra un comentario
hiriente o malvado con el cual sacarle la vuelta al pobre.
- Eso es un eufemismo Cy, esa niña
salta sobre él y lo abre en canal para destriparlo – concluyo impertérrito
Jeto.
Cerré los ojos y expandí mis
sentidos tratando de encontrar su aura, no soy capaz de verlas como lo hacen
los demás, a mi me hablan, palabras sueltas con determinado significado o
frases completas, solo que habían demasiadas personas y no podía diferenciar la
de ella, quizá si supiera su nombre.
- Luc ¿cuál es su nombre? – pregunte
mirando sus ojos. Se sonrojo de nuevo y sonrió.
- Ciera – me respondió.
Repetí el procedimiento para
encontrar su aura, si pienso el nombre de la persona a la que busco esta
destella al reconocer que alguien piensa en ella, como cuando de pronto
recuerdas a alguien y sonríes, solo que al revés; lo que vi me sorprendió,
cantaba el nombre del inmortal e incluso pude escuchar el pulso que se le
aceleraba bajo la mirada del chico.
- Lucian ve a hablar con ella – el
me miro extrañado – en serio hombre, ¡¡ve!!
Lo vimos acercarse a la muchacha que
de inmediato colgó mala cara e intento escabullirse antes de que él llegara
hasta ella.
Sé porque huía, todos nacemos con
poderes, el Gran Espíritu Blanco nos da nuestros dones desde que nacemos, la
mayoría contamos también con defensas que nos permiten sobrellevar la situación
de la mejor manera posible, acallando las voces de los muertos, o los
sentimientos de los demás, las visiones de futuros ajenos o propios, en fin
todas las cosas que aunque son regalos que nos servirán en nuestras vidas
pueden ser incomodas en algún momento; pero cuando esos dones son demasiado
fuertes se requieren de ayudas externas, por eso es que está buscando un
accesorio que refuerce sus protecciones naturales.