jueves, 27 de febrero de 2014

Tertulia (última parte de Cazadores)


Raniie no podía dejar de pensar en el humano, había visto las almas de los tres hombres, pero la del tal señor O`Reilly  era diferente a todas las que había visto, y quería volver a verlo, sabia donde vivía y podría ir a hurtadillas, nadie se enteraría.
- ¡Ouish! – se quejó ella cruzándose de brazos y haciéndole pucheros a los conejos que la observaban – no lo hare ¿de acuerdo?, solo era una idea.
Uno de los conejos la miro fijamente, ladeo las orejas y se fue saltando.
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Seth O’Reilly se despidió de sus amigos, después de mucho cavilarlo, finalmente habían decidido que acudirían a la cita el siguiente domingo. Sonreía como un idiota, se dio cuenta, al recordar como de tierna había sido la joven diciéndole que fuera con ella cuando no tuviera con que llenar “su pancita”, nadie, desde su madre, se había referido así a él.
Su cabaña era rustica, pero había sido respetuoso al construirla usando solo los troncos caídos y nunca talando árboles, entro en ella y cerró puertas y ventanas para poder irse a dormir, la única ventana que nunca se cerraba era la de su habitación, le gustaba la brisa fresca y ver los cambios en la luz a lo largo del día. Se saco la camisa y quedo desnudo del torso para arriba y fue en ese momento cuando escucho un suspiro seguido de una risita y una exclamación ahogada, el pudoroso señor O’Reilly  se puso rojo como la grana y se cubrió con una manta, corrió a la ventana pensando que vería a alguna chica del pueblo, no le gustaba admitirlo, pero sus padres, ambos hermosos, lo bendijeron con su belleza y su constante actividad y esfuerzo físico le mantenían en forma. Seguramente era la pesada de Lilian, suspiro, pero no había nadie en la ventana, en realidad no lo había en ningún sitio.
Un poco espantado, por primera vez, cerró la ventana para poder conciliar el sueño.
A la mañana siguiente, cuando salió de la cabaña, una cesta cuyo tejido era aun verde y vivo estaba a los pies de la puerta, llena de frutas y verduras de todo tipo, un tarro de miel y algunas flores, levanto la vista esperando ver algún rastro de su benefactor, se levantaba temprano así que no podía haberse ido hace demasiado tiempo, pero de nuevo, ahí no había nadie. Recogió las provisiones y entro de nuevo en la casa. Las siguientes mañanas eran siempre iguales, al salir temprano en la mañana una canasta parecida le estaba esperando en la puerta, y jamás vio quien podía estar dejándolas.
El día del compromiso llego y  sin saber por qué, el señor O`Reilly se vistió y peino lo mejor que pudo, al salir lo esperaba en la puerta, no la canasta acostumbrada sino las notas de sus amigos enviadas hasta él junto con algunos tarros de mermelada y harina, aceite, galletas saladas y en general los suministros que por costumbre la señora Cattaneo empacaba para él, cazara o no.
Al parecer ambos hombres habían sucumbido a un misterioso resfriado, lo que Seth no sospechaba era que en realidad se trataba de una conspiración, ya era hora de que el señor O´Reilly sentara cabeza dijeron los señores Sørensen y Cattaneo a sus esposas quienes asintieron para apoyar a sus maridos.

Estimado señor O`Reilly:
Me temo que tanto yo como el señor Cattaneo hemos sido víctimas del cambio de temporal, sin embargo, deseamos que asista en nuestro nombre a la cita acordada, no sea que la encantadora señorita Raniie se dé por ofendida, discúlpenos con ella y disfrute del banquete, diviértase, es joven.
Con afecto: Lothen  Sørensen.

Se encogió de hombros y se interno en el bosque, cuando llego a aquel sitio donde hace unos días habían visto por primera vez a la dama en cuestión estaba desierto, le tomo casi medio día llegar hasta allí con esos estúpidos zapatos que opto por ponerse en lugar de las cómodas botas de caza que siempre usaba, se acerco a la roca y se sentó cerca de las sombras de los arboles.
 Comenzaba a dormitar por lo que creyó que estaba soñando cuando vio al imponente osos pardo acercarse, pero el osos era tan real como el cálido aliento que le soplaba en la cara, el señor O`Reilly reprimió un grito de terror hasta que se percato de que el animal no lo atacaba, lentamente se puso de pie para alejarse del peligro, llevaba unos pasos atrás cuando el osos gruño, pero no era un ataque, lo hacía para llamar su atención, Seth se detuvo y miro en dirección al animal, esté clavo sus penetrantes ojos negros en él y luego se tiro al suelo.
-  Espera ¿quieres que me suba? – el oso emitió un sonido desde su garganta y asintió – bueno, tu lo pediste – se persignó y monto.
El oso se puso en cuatro patas y emprendió la carrera con Seth en su lomo, después de un largo tiempo el oso se detuvo y se paro en dos patas para sacudirse de encima el molesto peso del hombre quien cayó con un fuerte golpe en su trasero.
- Gracias – murmuro el joven con los dientes apretados mientras se ponía de pie y se sacudía la tierra de sus mejores pantalones.
Un ciervo esperaba pacientemente a que él le prestara atención, la cornamenta era hermosa, blanca como si hubiese sido tallada en mármol, respiraba calmadamente, como ningún ciervo que jamás hubiera visto antes, cabrito en el suelo y se puso en marcha, y él lo siguió.
Llegaron a un claro, se podía oír el correr del agua, y no tardo mucho en ver de donde procedía el sonido, se trataba de una caída de agua que venía desde las montañas del norte, el agua caía desde una pequeña cascada a una poza de un azul cristalino que arrancaba suspiros, a la orilla de esta, lo suficientemente alejado de la llovizna que producía el constante decanto del agua se encontraba dispuesta una mesa en toda regla, con un exquisito mantel marfil cuyo tejido parecía haber sido elaborado por arañas, y dado lo que había visto hasta el momento comenzaba a creer que eso era posible, los platos y cubiertos de un material que él jamás había visto y solo había dos puestos en la mesa.
La muchacha salió de entre las sombras de los arboles, esta vez su vestido era verde, el mismo tono de la hierba que tan abundantemente crecía en verano en los bosques, su cabello estaba recogido y trenzado con enredadera y algunas pequeñas flores de diversos colores, el señor O´Reilly se alegro profundamente de haber declinado de su atuendo habitual.
- Los petirrojos dijeron que solo vendrías tú – le sonrió ella y le indico que se sentaran.
El señor O´Reilly se paso una mano por el pelo antes de sentarse enfrente de ella. La comida fueron básicamente frutas y verduras, algunos cereales y una sopa de hongos que a él le costaría olvidar, de postre había manzanas con miel.
Cuando terminaron de comer, Seth tenía el estomago tan repleto que sintió que no podría moverse en días, ni siquiera echo en falta la carne en la comida.
La muchacha se aclaro la garganta – Seth O’Reilly  - sonrió tranquilizadora – ¿te quedarías como mi compañero si te lo pidiera?
A Seth le dio una ataque de tos, pero realmente lo estaba empezando a considerar, aun así – Soy muy viejo para ti – le dijo e.
Ella resopló – Tengo seiscientos años humanos – repuso ella y Seth se cayó del tronco donde había estado sentado.
- ¿Por qué yo?
- Vi tu alma, no he visto una nunca, fuiste creado para amar a una de nosotras y quiero ser yo, por eso no tienes ataduras en el lado humano, siempre perteneciste al mundo fae, aun siendo humano.
- Ya – el pobre señor O´Reilly no daba crédito a lo que oía, sabía que ella no era humana, ninguna mujer podía ser tan hermosa, pero el asunto con su alma, no eso era posible – y supongo que viviré tanto como tú.
- Si me aceptas, si, estaremos juntos siempre – Seth trago saliva, iba a negarse, pero en su fuero interno algo le gritaba que las palabras de ella eran ciertas y que no podría ser feliz con una mujer humana, asintió lentamente y ella se tiro en sus brazos alegremente.
Aunque el señor O’Reilly regreso a su cabaña sabia que la humanidad que tenia dentro se quedó en el bosque, ella le había dicho que debería regresar en luna nueva a la poza, y allí lo proclamaría como su compañero para lo que quede de la eternidad, mientras tanto él comunicaría las noticias a sus amigos y se despediría de ellos, no es que nunca volvería a verlos le dijo ella, es solo que ahora viviría en el bosque con ella.
Pasaron los días,  los señores Sørensen, Cattaneo y O’Reilly  conversaban todos los días al igual que casi todos los días Raniiie y él dedicaban el tiempo a conocerse, les tomo tan poco tiempo y esfuerzo enamorarse el uno del otro que asustaba.
Llegado el día, el señor O’Reilly  cerró su cabaña y se interno en el bosque, encontrando un oso a los pocos minutos de andar, no sabía cómo, pero sabía que era el mismo que le había llevado a esa primera visita, el animal se inclino y el joven no dudo en subirse al lomo de la bestia.
Llegando al lugar acordado se sorprendió al ver a sus amigos y sus esposas esperando, se veían alegres y estaban vestidos de fiesta, claro, era su “boda”, era una fiesta. Pero también había más personas, personas como Raniie, muchas de ellas, y emitían una suave luz vede, una mujer se le acerco.
- Seth O’Reilly, ¿de verdad quieres ser el compañero de Raniie? – le pregunto mirándolo a los ojos.
- Si – respondió reluctante.
- Entonces así sea – se volvió y extendió un brazo en dirección a la poza, iluminado débilmente por las muchas antorchas enclavadas en el suelo – entra en el agua y espera a tu novia.
Sin dudarlo, Seth entro en el liquido claro, las estrellas se reflejaban en la superficie del agua recordándole los ojos de su preciosa Raniie, sonrió al pensarlo, detrás de él la dama entro en el agua y se acerco, la tomo entre sus brazos, sabiendo exactamente qué hacer, se inclino hacia ella y la beso en los labios, un beso tierno, y el primero de ambos, uno que no olvidarían.
El viento soplo apagando las antorchas, lo único visible era la bohemia luminiscencia del pueblo de Raniie, el no podía verlo, pero sabía que con ese beso algo en él cambio para siempre, cuando volvió abrir los ojos, una trémula luz plateada emanaba de todo su cuerpo, ella lo miro a los ojos y se rio bajito.
- Tus ojos se mueven como la hiedra – le murmuro.
- Y los tuyos son como el cielo nocturno – respondió él alegremente.
- A partir de esta noche – proclamó la mujer que interrogo a Seth – este hombre forma parte del bosque y de la corte de los fae.
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Los señores Cattaneo y Sørensen recibieron canastas recién tejidas repletas de manjares por el resto de sus vidas, igual que sus hijos y los hijos de sus hijos y los nietos de los nietos de sus hijos. Y todos los domingos Raniie y Seth celebraban una reunión entre amigos en la misma poza hasta nuestros días.



miércoles, 26 de febrero de 2014

La dama (segunda parte de Cazadores)


Los tres cazadores regresaban a casa en absoluto silencio, lo que habían visto era prácticamente imposible. 
La muchacha no solo no estaba en peligro, sino que eran los animales los que velaban su sueño, y habían estado dispuestos a enfrentarse con tres hombres armados y perder la vida si con ello la jovencita salía ilesa del lugar.
- Bueno – resoplo el señor Sørensen sentándose en un árbol caído, los otros lo siguieron – ¿vamos a hablar de qué demonios paso allá atrás o no?
- Quieres que te digamos Lothen – repuso el señor Cattaneo – tu lo viste, yo lo vi, él lo vio, no hay más que decir.
- Mi abuelo me contó una vez que algo muy parecido le paso, cuando fue a casar leones a África, era un viejo al que le gustaba inventarse historias y nadie le creyó, pero... – el señor Sørensen miro hacia atrás por encima del hombro – ahora empiezo a dudarlo. ¿Qué tan probable es que a dos personas de la misma familia les suceda lo mismo?
- ¿Qué te dijo tu abuelo? – pregunto el señor Cattaneo.
- Dijo que iba siguiendo a un grupo de leones por los pastizales cuando se topo de frente con una jovencita que comía sentada en medio de un circulo de leones, hienas, y varios animales más y que al intentar acercarse la chica se escondió detrás de los leones, el abuelo tuvo que retirarse para no salir herido.
- Saben – murmuro el señor O´Reilly – mi tío contaba que a un antepasado nuestro al que le dio por irse de expedición al Amazonas también le sucedió algo así, una bella mujer joven que reposaba recostada en un árbol lo hacía rodeada de animales salvajes que aparentemente montaban guardia.
- Esto me está asustando – tragó duro en señor Cattaneo – yo escuche la historia de un vecino que al ir a pescar en el adriático, se encontró con una muchacha tendida en medio de un islote al que rodeaba una colección de tiburones, delfines e incluso un par de ballenas. Parece ser que todos hemos escuchado algo parecido en algún momento.
- Y que estos fenómenos se producen en todo el mundo – asintió el señor O´Reilly.
- ¿Qué fenómenos? – dijo una cantarina voz de mujer.
La muchacha que habían visto durmiendo en la piedra se descolgó del árbol que les proporcionaba sombra a los tres hombres, quedando de cabeza mirándolos divertidos, Cattaneo y Sørensen ahogaron un grito, pero Seth se había perdido ya en la visión de los ojos de la mujer, esos extraordinarios ojos.
- Tú – señalo algo receloso el señor Cattaneo – al parecer existen muchas como tú.
- Pues si – canturreo ella mientras aterrizaba grácilmente frente a ellos - ¿Quién crees que mantiene bello este mundo?
- Entonces hay más – el señor Sørensen se veía abrumado.
- Muchas – la chica se encogió de hombros restándole importancia a la revelación – ustedes cazan – miro con recelo a las armas dejadas a un lado.
- Solo una vez al año, para comer – se defendió el señor O´Reilly.
- Pero hoy no llevan presas – la jovencita rodeó a los cazadores examinándolos.
- No, hoy no – confirmo algo triste Cattaneo.
Ella frunció el seño y los labios - ¿Por qué te entristece no matar?
- No es por eso, y no es por nosotros, el señor O´Reilly – lo señaló – vive de eso, consigue la carne para venderla y poder sobrevivir el invierno, el vive en el bosque y sin presas deberá salir en la nieve para buscar carne, si no vende la caza del día no tendrá dinero para comprar otras comidas.
La mirada de la muchacha se volvió a Seth, y de nuevo inclino la cabeza como un ave - ¿Es eso cierto? – el joven señor O´Reilly solo asintió.
- Bueno – el rostro de la muchacha estaba tan pegado al de Seth que las puntas de sus narices se tocaban haciendo que las mejillas del señor O´Reilly se tornaran rojas– si ese es el caso, te entregare a mis animales enfermos o viejos y serás bienvenido a mi casa a compartir mi mesa cuando no tengas con que llenar tu pancita – sonrió ella y luego su expresión se volvió un poco sombría – pero jura que les darás una muerte rápida y misericordiosa.
- Seth O´Reilly es el más bueno y misericordioso de los cazadores de este mundo – aseguro el señor Cattaneo y el señor Sørensen gruño y asintió para confirmarlo.
La dama parpadeo y sonrió de nuevo – Me llamo Raniie.
- Angiolo Cattaneo, Lothen Sørensen y Seth O’Reilly – presentó el señor Cattaneo – un placer Raniie.
- Igual – de pronto ella se puso a dar saltitos como una niña – ya se, los invito a comer, en mi santuario – los tres hombres se intercambiaron miradas – si, si – aplaudió ella – el domingo, las comidas entre amigos siempre son en domingo, lleguen hasta la roca, allí mis animales irán por ustedes para llevarlos.

Y sin dar oportunidad a que alguno de los hombres respondiera, echo a correr alegremente y desapareció entre los arboles como si hubiera estado hecha de viento.

martes, 25 de febrero de 2014

Cazadores



Los señores  Sørensen, Cattaneo y O’Reilly  tenían por costumbre desde hace ya algunos años salir de caza antes del  invierno, solo el joven señor O’Reilly  vivía cerca del bosque, pero prefería no tener que salir en medio de las nevadas a conseguir carne.
El señor Angiolo Cattaneo era más o menos bajito, más o menos gordo y más o menos inteligente, pero era noble y muy competente en la cacería, Lothen  Sørensen por otro lado era alto, rubio de ojos grises y con una actitud que daba a entender ser muy seguro de sí mismo, era el que siempre sabia a donde apuntar para obtener las mejores presas, y no reparaba en detalles, importantes o no, para ello.
Seth O´Reilly, el más joven del grupo andando casi en sus treinta, cabello cobrizo y ojos verdes, piel blanca y con muchas pequeñas pecas rojizas herencia de su madre, había acabado con ese par de hombres que le doblaban la edad, más por accidente que realmente buscándolos.
Seth no goza con matar animales, pero desde que se quedo solo cuando apenas rondaba los catorce, encontró en el asesinato la mejor forma de conseguir comida y dinero para lo demás, llego al pueblo y se instalo lo mas retirado de este, donde se tienen más presas y menos competencia, la tarde en que conoció a sus ahora socios había logrado la captura de un ciervo de buen tamaño y una docena de conejos, todos con disparos que no dañaba la piel, al final conseguiría suficiente dinero para sobrevivir sin tener que asesinar por al menos un mes, contento caminaba en dirección a la carnicería donde vendería la carne para luego vender las pieles en otro sitio.
- Esas son grandes – exclamo con un silbido el señor Cattaneo - ¿las casaste tu mismo chico?
- Si señor – respondió orgulloso Seth.
- Entonces debes saber en donde es que se “ocultan” -  el señor Sørensen sonreí mientras dibujo las comillas en el aire – aquí se ha vuelto difícil encontrar buenas presas.
- ¿Qué te parece – dijo el señor Cattaneo – si hacemos un trato?
¡Oh no! Pensó para sus adentros Seth, no disfrutaba matar, lo hacía por necesidad, porque antes de morir fue lo único que su padre le pudo enseñar y porque despellejar era lo que su madre le enseño antes de seguir a su padre a donde él no podría ir todavía.
- Una vez al año – repuso concienzudamente el señor Sørensen.
- Una vez al año – reafirmo el señor Cattaneo con un asentimiento de cabeza – cerca del invierno, nos llevaras a donde encuentras tan buenos animales, cazaremos y las presas que matemos serán nuestras pero te daremos a cambio lo que creamos justo por conseguirlas, ti eliges,  efectivo, munición o provisiones – y ambos hombres asintieron.
No sonaba mal, de hecho sonaba bastante más que bien, Seth pidió tiempo para pensarlo aunque realmente no lo hizo mucho, cuando salió del taller de curtidores busco a los hombres y cerraron el trato en la taberna con una pinta de cerveza.
Ahora, siete años después, Seth O´Reilly era prácticamente parte de ambas familias, aunque prefería su soledad, de vez en cuando iba a comer a sus casas por invitación de las propias señoras pero siempre sin importar que tan tarde era o que tanto frio o la gravedad de su estado de ebriedad, el dormía en su cabaña, en la profundidad de su bosque.
La mañana había sido dura y fría, el invierno se acercaba cada vez más a prisa y las armas colgadas en los hombros de los hombres quemaban por el frio del metal, el desayuno incluyo grandes cantidades de azúcar y calorías per no parecía suficiente dadas las condiciones del día, se había decidido ya que avanzarían solo un par de kilómetros más antes de regresar a la cabaña de Seth, el terreno escarpado e inclinado no hacía por ayudarlos – Bien – pensó el señor O´Reilly – que no nos la pongan fácil -.
El señor Sørensen subió una colina para mirar desde lo alto.
- ¡Santo Cristo! – exclamo con una expresión  de terror en el rostro.
- ¿Qué has visto Lothen? – pregunto el señor Cattaneo.
- Sube aquí y míralo por ti mismo, no tengo idea de cómo describirlo.
El señor O´Reilly y el señor Cattaneo intercambiaron miradas, se encogieron de hombros y subieron a la colina, la visión que presenciaron era un cuento de terror que saco el aire de sus pulmones como un puñetazo.
El terreno descendente era de un exuberante y prodigo verde, abajo en el valle que se formaba había una piedra plana de gran tamaño sobre la cual había un bulto blanco, no, un bulto no, se dio cuenta Seth, era el cuerpo de una mujer, pero eso no era lo espeluznante.
Una manada de lobos salvajes caminaban en círculos montando guardia alrededor de la piedra cuya elevación era lo único que mantenía a salvo el cuerpo de ser carroña para ellos, había también ciervos de enormes cornamentas escondidos entre los arboles mirando en dirección al cuerpo, un par de leones de montaña, cuatro osos pardos e incluso en los arboles cercanos habían cuervos que revoloteaban silenciosos en las copas de los arboles.
Los tres cazadores se quedaron de una pieza, intentando no llamar la atención de ninguno de los animales, ni siquiera del grupo de conejos que saltaban encima de la roca sin tocar a la mujer.
- Eso es aterrador – murmuro el señor Cattaneo.
Como si la voz del hombre hubiera sido una sirena  anti-bombas todos los animales voltearon a verlos, poniéndose en guardia, mostrando dientes y garras defensivamente, los tres hombres retrocedieron.
- Vayámonos – aconsejo  el señor Sørensen – no hay nada que hacer... y entonces la mujer se revolvió - Esta viva – dijo parpadeando en su dirección – bueno, siendo ese el caso debemos ayudarla
- ¿Cómo? – Seth no veía como poder ayudarla.
- Tu eres el más rápido chico, mientras nosotros los distraemos tu puedes rodear por detrás y sacarla de allí sana y salva.
Como no teniendo control sobre su cuerpo, la cabeza de Seth asintió frenéticamente y el plan se puso en marcha.
Los tiros de las armas de caza espantaron a los animales el tiempo suficiente para que el muchacho pudiera correr y subir a la roca de un salto, movió hacia la mujer, se quedo quieto por un segundo cuando la vio, se trataba de la criatura más hermosa que hubiera visto jamás, tan bella que quitaba el aliento, tenía la piel dorada por el sol y el cabello tan negro que desprendía destellos azulados, la gruesa cortina de pestañas formaban una línea negra y gruesa en sus mejillas...
- Date prisa – grito uno de los hombres sacándolo de su embelesamiento.
Iba descalza y la tela de su vestido era prácticamente transparente ¿Cómo puede estar durmiendo tan plácidamente?
A penas había tratado de tocarla cuando ella abrió los ojos, eran tan azules como el cielo de media noche y creyó que casi podía ver en ellos las constelaciones como si se movieran en el mismo firmamento, la muchacha pestañeo somnolienta, tendría unos dieciséis, cuando pudo enfocarlo, su mirada cambio del sopor al terror absoluto.
Soltó un grito tan espantoso que los animales de inmediato giraron sus cabezas hacia él, quien levanto las manos mostrando las palmas en un gesto tranquilizador.
- Calma, solo quiero ayudarte, ponerte a salvo – dijo, ella ladeo la cabeza como un pajarito antes de saltar de la roca.
Sus descalzos pies corrieron y se hecho debajo del oso más grande que estaba en la parte de atrás de la pared de animales que se había formado, allí había incluso más de los que habían visto al principio...
La muchacha le dirigió una última mirada antes de salir de debajo del oso y darle la espalda para adentrarse en el bosque seguida de todos los animales excepto algunos cuervos que se quedaron a azuzar a los cazadores.
Desapareció entre los árboles y lo último que escucharon fue una alegre y melódica risa de la chica que se alejaba.