Raniie no podía dejar de pensar en el
humano, había visto las almas de los tres hombres, pero la del tal señor
O`Reilly era diferente a todas las que
había visto, y quería volver a verlo, sabia donde vivía y podría ir a
hurtadillas, nadie se enteraría.
- ¡Ouish! – se quejó ella cruzándose de brazos
y haciéndole pucheros a los conejos que la observaban – no lo hare ¿de
acuerdo?, solo era una idea.
Uno de los conejos la miro fijamente, ladeo
las orejas y se fue saltando.
___ . ___
Seth O’Reilly se despidió de sus amigos,
después de mucho cavilarlo, finalmente habían decidido que acudirían a la cita
el siguiente domingo. Sonreía como un idiota, se dio cuenta, al recordar como
de tierna había sido la joven diciéndole que fuera con ella cuando no tuviera
con que llenar “su pancita”, nadie, desde su madre, se había referido así a él.
Su cabaña era rustica, pero había sido
respetuoso al construirla usando solo los troncos caídos y nunca talando árboles,
entro en ella y cerró puertas y ventanas para poder irse a dormir, la única ventana
que nunca se cerraba era la de su habitación, le gustaba la brisa fresca y ver
los cambios en la luz a lo largo del día. Se saco la camisa y quedo desnudo del
torso para arriba y fue en ese momento cuando escucho un suspiro seguido de una
risita y una exclamación ahogada, el pudoroso señor O’Reilly se puso rojo como la grana y se cubrió con una
manta, corrió a la ventana pensando que vería a alguna chica del pueblo, no le
gustaba admitirlo, pero sus padres, ambos hermosos, lo bendijeron con su
belleza y su constante actividad y esfuerzo físico le mantenían en forma. Seguramente
era la pesada de Lilian, suspiro, pero no había nadie en la ventana, en
realidad no lo había en ningún sitio.
Un poco espantado, por primera vez, cerró
la ventana para poder conciliar el sueño.
A la mañana siguiente, cuando salió de la
cabaña, una cesta cuyo tejido era aun verde y vivo estaba a los pies de la
puerta, llena de frutas y verduras de todo tipo, un tarro de miel y algunas
flores, levanto la vista esperando ver algún rastro de su benefactor, se
levantaba temprano así que no podía haberse ido hace demasiado tiempo, pero de
nuevo, ahí no había nadie. Recogió las provisiones y entro de nuevo en la casa.
Las siguientes mañanas eran siempre iguales, al salir temprano en la mañana una
canasta parecida le estaba esperando en la puerta, y jamás vio quien podía estar
dejándolas.
El día del compromiso llego y sin saber por qué, el señor O`Reilly se vistió
y peino lo mejor que pudo, al salir lo esperaba en la puerta, no la canasta
acostumbrada sino las notas de sus amigos enviadas hasta él junto con algunos
tarros de mermelada y harina, aceite, galletas saladas y en general los suministros
que por costumbre la señora Cattaneo empacaba para él, cazara o no.
Al parecer ambos hombres habían sucumbido a
un misterioso resfriado, lo que Seth no sospechaba era que en realidad se
trataba de una conspiración, ya era hora de que el señor O´Reilly sentara
cabeza dijeron los señores Sørensen y Cattaneo a sus esposas quienes asintieron
para apoyar a sus maridos.
Estimado señor O`Reilly:
Me temo que tanto yo como el señor Cattaneo
hemos sido víctimas del cambio de temporal, sin embargo, deseamos que asista en
nuestro nombre a la cita acordada, no sea que la encantadora señorita Raniie se
dé por ofendida, discúlpenos con ella y disfrute del banquete, diviértase, es
joven.
Con
afecto: Lothen Sørensen.
Se encogió de hombros y se interno en el
bosque, cuando llego a aquel sitio donde hace unos días habían visto por
primera vez a la dama en cuestión estaba desierto, le tomo casi medio día
llegar hasta allí con esos estúpidos zapatos que opto por ponerse en lugar de
las cómodas botas de caza que siempre usaba, se acerco a la roca y se sentó
cerca de las sombras de los arboles.
Comenzaba
a dormitar por lo que creyó que estaba soñando cuando vio al imponente osos
pardo acercarse, pero el osos era tan real como el cálido aliento que le
soplaba en la cara, el señor O`Reilly reprimió un grito de terror hasta que se
percato de que el animal no lo atacaba, lentamente se puso de pie para alejarse
del peligro, llevaba unos pasos atrás cuando el osos gruño, pero no era un
ataque, lo hacía para llamar su atención, Seth se detuvo y miro en dirección al
animal, esté clavo sus penetrantes ojos negros en él y luego se tiro al suelo.
-
Espera ¿quieres que me suba? – el oso emitió un sonido desde su garganta
y asintió – bueno, tu lo pediste – se persignó y monto.
El oso se puso en cuatro patas y emprendió la
carrera con Seth en su lomo, después de un largo tiempo el oso se detuvo y se
paro en dos patas para sacudirse de encima el molesto peso del hombre quien cayó
con un fuerte golpe en su trasero.
- Gracias – murmuro el joven con los
dientes apretados mientras se ponía de pie y se sacudía la tierra de sus
mejores pantalones.
Un ciervo esperaba pacientemente a que él
le prestara atención, la cornamenta era hermosa, blanca como si hubiese sido
tallada en mármol, respiraba calmadamente, como ningún ciervo que jamás hubiera
visto antes, cabrito en el suelo y se puso en marcha, y él lo siguió.
Llegaron a un claro, se podía oír el correr
del agua, y no tardo mucho en ver de donde procedía el sonido, se trataba de
una caída de agua que venía desde las montañas del norte, el agua caía desde
una pequeña cascada a una poza de un azul cristalino que arrancaba suspiros, a
la orilla de esta, lo suficientemente alejado de la llovizna que producía el constante
decanto del agua se encontraba dispuesta una mesa en toda regla, con un exquisito
mantel marfil cuyo tejido parecía haber sido elaborado por arañas, y dado lo
que había visto hasta el momento comenzaba a creer que eso era posible, los
platos y cubiertos de un material que él jamás había visto y solo había dos
puestos en la mesa.
La muchacha salió de entre las sombras de
los arboles, esta vez su vestido era verde, el mismo tono de la hierba que tan
abundantemente crecía en verano en los bosques, su cabello estaba recogido y
trenzado con enredadera y algunas pequeñas flores de diversos colores, el señor
O´Reilly se alegro profundamente de haber declinado de su atuendo habitual.
- Los petirrojos dijeron que solo vendrías tú
– le sonrió ella y le indico que se sentaran.
El señor O´Reilly se paso una mano por el
pelo antes de sentarse enfrente de ella. La comida fueron básicamente frutas y
verduras, algunos cereales y una sopa de hongos que a él le costaría olvidar,
de postre había manzanas con miel.
Cuando terminaron de comer, Seth tenía el
estomago tan repleto que sintió que no podría moverse en días, ni siquiera echo
en falta la carne en la comida.
La muchacha se aclaro la garganta – Seth O’Reilly
- sonrió tranquilizadora – ¿te quedarías
como mi compañero si te lo pidiera?
A Seth le dio una ataque de tos, pero
realmente lo estaba empezando a considerar, aun así – Soy muy viejo para ti –
le dijo e.
Ella resopló – Tengo seiscientos años
humanos – repuso ella y Seth se cayó del tronco donde había estado sentado.
- ¿Por qué yo?
- Vi tu alma, no he visto una nunca, fuiste
creado para amar a una de nosotras y quiero ser yo, por eso no tienes ataduras
en el lado humano, siempre perteneciste al mundo fae, aun siendo humano.
- Ya – el pobre señor O´Reilly no daba crédito
a lo que oía, sabía que ella no era humana, ninguna mujer podía ser tan
hermosa, pero el asunto con su alma, no eso era posible – y supongo que viviré tanto
como tú.
- Si me aceptas, si, estaremos juntos
siempre – Seth trago saliva, iba a negarse, pero en su fuero interno algo le
gritaba que las palabras de ella eran ciertas y que no podría ser feliz con una
mujer humana, asintió lentamente y ella se tiro en sus brazos alegremente.
Aunque el señor O’Reilly regreso a su
cabaña sabia que la humanidad que tenia dentro se quedó en el bosque, ella le había
dicho que debería regresar en luna nueva a la poza, y allí lo proclamaría como
su compañero para lo que quede de la eternidad, mientras tanto él comunicaría las
noticias a sus amigos y se despediría de ellos, no es que nunca volvería a
verlos le dijo ella, es solo que ahora viviría en el bosque con ella.
Pasaron los días, los señores Sørensen, Cattaneo
y O’Reilly conversaban todos los días al
igual que casi todos los días Raniiie y él dedicaban el tiempo a conocerse, les
tomo tan poco tiempo y esfuerzo enamorarse el uno del otro que asustaba.
Llegado el día, el señor O’Reilly cerró su cabaña y se interno en el bosque,
encontrando un oso a los pocos minutos de andar, no sabía cómo, pero sabía que
era el mismo que le había llevado a esa primera visita, el animal se inclino y
el joven no dudo en subirse al lomo de la bestia.
Llegando al lugar acordado se sorprendió al
ver a sus amigos y sus esposas esperando, se veían alegres y estaban vestidos
de fiesta, claro, era su “boda”, era una fiesta. Pero también había más personas,
personas como Raniie, muchas de ellas, y emitían una suave luz vede, una mujer
se le acerco.
- Seth O’Reilly, ¿de verdad quieres ser el
compañero de Raniie? – le pregunto mirándolo a los ojos.
- Si – respondió reluctante.
- Entonces así sea – se volvió y extendió un
brazo en dirección a la poza, iluminado débilmente por las muchas antorchas
enclavadas en el suelo – entra en el agua y espera a tu novia.
Sin dudarlo, Seth entro en el liquido claro,
las estrellas se reflejaban en la superficie del agua recordándole los ojos de
su preciosa Raniie, sonrió al pensarlo, detrás de él la dama entro en el agua y
se acerco, la tomo entre sus brazos, sabiendo exactamente qué hacer, se inclino
hacia ella y la beso en los labios, un beso tierno, y el primero de ambos, uno
que no olvidarían.
El viento soplo apagando las antorchas, lo único
visible era la bohemia luminiscencia del pueblo de Raniie, el no podía verlo,
pero sabía que con ese beso algo en él cambio para siempre, cuando volvió abrir
los ojos, una trémula luz plateada emanaba de todo su cuerpo, ella lo miro a
los ojos y se rio bajito.
- Tus ojos se mueven como la hiedra – le murmuro.
- Y los tuyos son como el cielo nocturno – respondió
él alegremente.
- A partir de esta noche – proclamó la
mujer que interrogo a Seth – este hombre forma parte del bosque y de la corte
de los fae.
___ . ___
Los señores Cattaneo y Sørensen recibieron
canastas recién tejidas repletas de manjares por el resto de sus vidas, igual
que sus hijos y los hijos de sus hijos y los nietos de los nietos de sus hijos.
Y todos los domingos Raniie y Seth celebraban una reunión entre amigos en la
misma poza hasta nuestros días.