miércoles, 26 de febrero de 2014

La dama (segunda parte de Cazadores)


Los tres cazadores regresaban a casa en absoluto silencio, lo que habían visto era prácticamente imposible. 
La muchacha no solo no estaba en peligro, sino que eran los animales los que velaban su sueño, y habían estado dispuestos a enfrentarse con tres hombres armados y perder la vida si con ello la jovencita salía ilesa del lugar.
- Bueno – resoplo el señor Sørensen sentándose en un árbol caído, los otros lo siguieron – ¿vamos a hablar de qué demonios paso allá atrás o no?
- Quieres que te digamos Lothen – repuso el señor Cattaneo – tu lo viste, yo lo vi, él lo vio, no hay más que decir.
- Mi abuelo me contó una vez que algo muy parecido le paso, cuando fue a casar leones a África, era un viejo al que le gustaba inventarse historias y nadie le creyó, pero... – el señor Sørensen miro hacia atrás por encima del hombro – ahora empiezo a dudarlo. ¿Qué tan probable es que a dos personas de la misma familia les suceda lo mismo?
- ¿Qué te dijo tu abuelo? – pregunto el señor Cattaneo.
- Dijo que iba siguiendo a un grupo de leones por los pastizales cuando se topo de frente con una jovencita que comía sentada en medio de un circulo de leones, hienas, y varios animales más y que al intentar acercarse la chica se escondió detrás de los leones, el abuelo tuvo que retirarse para no salir herido.
- Saben – murmuro el señor O´Reilly – mi tío contaba que a un antepasado nuestro al que le dio por irse de expedición al Amazonas también le sucedió algo así, una bella mujer joven que reposaba recostada en un árbol lo hacía rodeada de animales salvajes que aparentemente montaban guardia.
- Esto me está asustando – tragó duro en señor Cattaneo – yo escuche la historia de un vecino que al ir a pescar en el adriático, se encontró con una muchacha tendida en medio de un islote al que rodeaba una colección de tiburones, delfines e incluso un par de ballenas. Parece ser que todos hemos escuchado algo parecido en algún momento.
- Y que estos fenómenos se producen en todo el mundo – asintió el señor O´Reilly.
- ¿Qué fenómenos? – dijo una cantarina voz de mujer.
La muchacha que habían visto durmiendo en la piedra se descolgó del árbol que les proporcionaba sombra a los tres hombres, quedando de cabeza mirándolos divertidos, Cattaneo y Sørensen ahogaron un grito, pero Seth se había perdido ya en la visión de los ojos de la mujer, esos extraordinarios ojos.
- Tú – señalo algo receloso el señor Cattaneo – al parecer existen muchas como tú.
- Pues si – canturreo ella mientras aterrizaba grácilmente frente a ellos - ¿Quién crees que mantiene bello este mundo?
- Entonces hay más – el señor Sørensen se veía abrumado.
- Muchas – la chica se encogió de hombros restándole importancia a la revelación – ustedes cazan – miro con recelo a las armas dejadas a un lado.
- Solo una vez al año, para comer – se defendió el señor O´Reilly.
- Pero hoy no llevan presas – la jovencita rodeó a los cazadores examinándolos.
- No, hoy no – confirmo algo triste Cattaneo.
Ella frunció el seño y los labios - ¿Por qué te entristece no matar?
- No es por eso, y no es por nosotros, el señor O´Reilly – lo señaló – vive de eso, consigue la carne para venderla y poder sobrevivir el invierno, el vive en el bosque y sin presas deberá salir en la nieve para buscar carne, si no vende la caza del día no tendrá dinero para comprar otras comidas.
La mirada de la muchacha se volvió a Seth, y de nuevo inclino la cabeza como un ave - ¿Es eso cierto? – el joven señor O´Reilly solo asintió.
- Bueno – el rostro de la muchacha estaba tan pegado al de Seth que las puntas de sus narices se tocaban haciendo que las mejillas del señor O´Reilly se tornaran rojas– si ese es el caso, te entregare a mis animales enfermos o viejos y serás bienvenido a mi casa a compartir mi mesa cuando no tengas con que llenar tu pancita – sonrió ella y luego su expresión se volvió un poco sombría – pero jura que les darás una muerte rápida y misericordiosa.
- Seth O´Reilly es el más bueno y misericordioso de los cazadores de este mundo – aseguro el señor Cattaneo y el señor Sørensen gruño y asintió para confirmarlo.
La dama parpadeo y sonrió de nuevo – Me llamo Raniie.
- Angiolo Cattaneo, Lothen Sørensen y Seth O’Reilly – presentó el señor Cattaneo – un placer Raniie.
- Igual – de pronto ella se puso a dar saltitos como una niña – ya se, los invito a comer, en mi santuario – los tres hombres se intercambiaron miradas – si, si – aplaudió ella – el domingo, las comidas entre amigos siempre son en domingo, lleguen hasta la roca, allí mis animales irán por ustedes para llevarlos.

Y sin dar oportunidad a que alguno de los hombres respondiera, echo a correr alegremente y desapareció entre los arboles como si hubiera estado hecha de viento.

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